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Luz azul de las pantallas ¿realmente necesito protegerme?

Ya era un poco difícil de entender la diferencia entre el UVA y UVB, pero ahora con el exceso de exposición a las pantallas y tanto experto recomendando cosas en redes sociales, tenemos que preocuparnos de que nuestro protector nos proteja también de la luz visible y en especial azul, cosa que probablemente nunca se nos habría ocurrido antes si no lo hubiéramos escuchado por ahí. Entonces, tenemos que preocuparnos de la luz que vemos, que no vemos, de la que nos llega cuando salimos, cuando estamos en el patio, cuando estamos en la casa, ¡cuando estamos acostadas viendo el celular… aaa! Exceso de información, pero tranquila, aquí te explicaremos todo con respaldo científico para que entiendas y no te queden dudas.

La luz visible corresponde con la franja del espectro electromagnético que se encuentra entre la radiación ultravioleta e infrarrojo en longitudes de onda entre los 400-700 nm. A la superficie terrestre llega casi del 50% de la luz visible, y la zona del espectro más interesante a nivel cutáneo es la que corresponde con la de mayor energía: la luz violeta y azul (400-495 nm).

Sin embargo, se sabe que la exposición a la luz azul no procede solo de la radiación que recibimos del sol, sino de la emitida por dispositivos electrónicos. 

Hasta la fecha, los estudios publicados coinciden en que la luz visible que viene de la radiación solar, puede generar problemas de hiperpigmentación cutánea, ya que al igual que la radiación UV, la luz visible genera un estrés oxidativo, lo que desencadena de la formación de radicales libres, causando fotoenvejecimiento cutáneo. 

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¿Necesito un cosmético para poder usar mi smartphone?

Yo nunca me lo había planteado hasta que lo empecé a escuchar de algunas fuentes, incluso antes de la pandemia… pero ahora, el tema es un boom.

Mientras que la evidencia científica sobre la luz visible que viene  del sol comienza a ser fuerte, cuando hablamos de las pantallas artificiales nos quedamos cortas. ¿Qué diferencia hay entre la luz azul procedente de la luz solar y las pantallas? La dosis recibida y la potencia. 

Aún son escasos los estudios que relacionan las pantallas como un problema dermatológico. Para hacernos una idea, la relación entre la potencia de la luz visible de las pantallas y del sol es de 1/200. Es decir, que la potencia recibida por las pantallas en 200 veces menor.

En 2018 investigadores franceses publicaron un estudio in vitro donde fibroblastos (células) humanos eran sometidos a una fuente de luz azul artificial. Si esos datos obtenidos se llevaran a la vida real, deberíamos usar cerca de 80 días seguidos SIN PARAR, los dispositivos electrónicos, ya que al contrario de lo que ocurre con la radiación ultravioleta, la luz visible no es acumulativa. 

Es cierto que aún no se sabe mucho sobre la luz azul de las pantallas y que recién en unos años se tendrá más certeza de su efecto en la piel a nivel científico, pero de lo que no hay duda es que la luz visible procedente del sol es más preocupante que la emitida de nuestros dispositivos electrónicos, y de la que sí debemos protegernos para evitar la hiperpigmentación.

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Entonces ¿cómo podemos protegernos de la luz visible?

Lamentablemente, los filtros solares UV no protegen de la luz visible. Pero uno de los ingredientes que más se usa para protegernos de la luz azul son los óxidos de hierro.

Estos son usados en la industria cosmética como pigmentos y según el estado de oxidación del hierro generan diferentes colores.

Entonces ¿qué ingredientes buscar? En realidad, no deberíamos preocuparnos mucho más de lo que ya lo hacemos con la radiación UV. Lo más aconsejable es incorporar ingredientes antioxidantes como son el ácido L-ascórbico, ácido ferúlico o el tocoferol, entre otros. Yo creo que ya lo han escuchado: en tu rutina de día usar vitamina C y jamás jamás de los jamases olvidar el protector solar encima.

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Resumiendo…

  1. Usa un protector solar que te proteja de los rayos UVA, UVB y que en sus ingredientes tenga óxidos de hierro, pero antes intenta incluir en tu rutina algún producto que tenga antioxidantes como paso previo.
  2. Si lo pensamos bien, casi nos preocupamos más de qué parche poner para seguir pasando horas frente a la pantalla (o sea, no estamos solucionando el problema de raíz), cuando quizás lo mejor sería dejar estar tan conectado (en la medida de lo posible, obviamente) y de paso, evitamos ser tan sedentarios, subir de peso y problemas posturales. ¿Imposible de lograr? Te recomiendo que veas el documental de Netflix “El dilema de las Redes Sociales” para darte un empujoncito.

Y a ti ¿qué tan preocupada te tienen la luz de las pantallas?