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¿Realmente nos ayuda la meditación a estar menos estresadas?

Imagínate a 15 personas practicando meditación con los ojos cerrados sentadas con la espalda recta en una sala pequeña. Nos llaman una por una, nos dicen un mantra personal con un susurro casi inaudible y luego volvemos a nuestras posiciones. Nos han indicado que repitamos el mantra silenciosamente, no llenar la cabeza de pensamientos y que cuando veamos que estamos divagando otra vez, volvamos al mantra: así, 20 minutos. Cuesta mucho no quedarse dormida.

¿La sociedad contemporánea ha llegado a semejantes niveles de estrés como para tener que recurrir a siestas forzadas? Después de que las pruebas iniciales indicaran que mis niveles de cortisol estaban muy por encima del rango ideal —por las nubes a las siete de la mañana, luchando por estabilizarse hasta media tarde, cuando bajaban un poco, para luego volver a dispararse por la noche—, esta treintañera estresada decidió que sí, que tenía que reaprender a descansar. Quizá la meditación védica era la respuesta. (Sigue leyendo para ver los resultados de mis niveles de cortisol después de meditar).

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¿Qué es la meditación védica?

La meditación védica consiste en una práctica de veinte minutos dos veces al día utilizando la repetición silenciosa de un mantra (un sonido fluido y sin sentido). El mantra te lo asigna un maestro teniendo en cuenta aspectos como tu estilo de vida, dónde vives, tu edad y tu equilibrio de energías. Y es secreto: te lo guardas para ti con el fin de evitar dotarlo de sentido más allá de la meditación.

Antes de inaugurar en Londres y en Nueva York sus centros de meditación, Jillian Lavender y Michael Miller tenían carreras muy estresantes que hacían que estuviesen siempre “cansados, agotados y abrumados”. Antes, Lavender trabajaba en el sector editorial y se pasaba la vida viajando entre Sídney, París y Nueva York. “Tenía claro que mi estilo de vida no era sostenible a largo plazo”, nos dice. Miller tiene una historia similar, antes trabajaba en el mundo del entretenimiento en Los Ángeles: “Era emocionante e inspirador, pero sentía en mis propias carnes las consecuencias de trabajar tan duro y exigirme tanto”. Entra en escena la meditación védica.

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“Tuve mucha suerte, porque el primer método que probé fue la meditación védica”, dice Lavender. “Me atrajo por una recomendación que me hicieron hace veinte años, cuando no era tan popular como ahora; no había aplicaciones de meditación ni se sabía mucho sobre lo que era el mindfulness. El método védico no se relaciona con ningún sistema de creencias en particular y venía con el respaldo de muchas investigaciones científicas, la verdad es que me intrigaba mucho”.

La experta en fitness Shona Vertue, otra practicante habitual de la meditación védica, también promete que acabaré por convertirme. “En mi caso, lo cambió todo”, dice. “Hay un error de concepto enorme que afirma que la meditación va de bloquear pensamientos y pasar un rato alegre y feliz, peo nada más lejos de la realidad y cuanto antes lo aceptemos, más fácil será integrarla en nuestra cotidianeidad”.

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¿De dónde viene tanto estrés?

La Organización Mundial de la Salud ha reconocido de manera oficial que el síndrome del trabajador quemado es un fenómeno laboral y que el estrés es la epidemia del siglo XXI. “La gente ha perdido la habilidad de descansar adecuadamente, de desconectar y, simplemente, ser”, dice Lavender. “Vivimos en un mundo en que la gente está ‘activa’ todo el rato. No hay más que echar un vistazo en el metro y fijarte en lo que hace la gente. ¿Cuándo fue la última vez que viste que se sentaban a mirar a su alrededor sin tener la vista fija en el celular?”.

Cada vez más personas optan por métodos holísticos para combatir los altos niveles de cortisol; se calcula que hay unos seiscientos millones de personas que meditan en el mundo y el año pasado Apple afirmó que las aplicaciones de bienestar mental y mindfulness encabezaban las tendencias. “Nos toca bajar las revoluciones de la cabeza y el cuerpo”, dice Lavender. “El descanso es el antídoto del estrés y la meditación védica nos ofrece un descanso muy profundo (muchas veces incluso más que el sueño)”.

Aunque la meditación pueda ser parte de la solución, tampoco es un “arreglatodo”. “Entender nuestra psicología y proporcionarnos autocuidados mediante el ejercicio y la meditación, cultivar relaciones sanas con los demás y con una misma, cuidar del medio ambiente… Todas estas son áreas a las que también hay que prestarles atención para vivir una vida menos estresante”, dice Vertue.

“Además, puedes leer más sobre las investigaciones científicas sobre la práctica regular de la meditación”, sugiere. “Son bastantes profundas y motivan mucho”. Así que… Aquí te traemos la explicación científica.

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Cómo la meditación combate el estrés: la explicación científica

La ciencia se refiere a la meditación védica como una “técnica automática de autotrascendencia”. Este método permite que la mente se asiente, cosa que nos baja el ritmo metabólico, además de producir cambios en las sustancias implicadas en el estrés (baja el cortisol y aumenta la serotonina y la dopamina) y en la función cerebral. También se produce un aumento en los niveles de oxígeno y en el flujo sanguíneo del córtex prefrontal (la zona implicada en la toma de decisiones), así como un aumento de las ondas alfa del cerebro (características de la actividad mental baja y la relajación). Estos cambios generan un buen equilibrio entre estar alerta y el descanso profundo, conocido también como el estado trascendental. A medida que te vienen los pensamientos, el estado neurofisiológico cambia y así se mantiene el ciclo.

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¿Podemos meditar con una app?

Los maestros tradicionales de la meditación védica son bastante tajantes con esto: la meditación se tiene que aprender en persona y el mantra ha de ser específico para cada persona. Pero, como apunta Vertue, “si aplicaciones como Calm, Waking Up y Beeja te ayudan a comprometerte más con la práctica, pues adelante con ello”.

Will Williams, fundador de Beeja, explicó las razones que le llevaron a lanzar esta aplicación a principios de 2019: “El mundo necesita tener un portal accesible a la meditación que sea serio y sencillo. Creo que ya era hora de democratizar la meditación de calidad”.

“Aprender en persona”, dice, “es el ideal, pero no todo el mundo tiene esa posibilidad. ¿Qué pasa con todas esas personas que no viven cerca de un maestro o que no se pueden permitir los altísimos precios que cobran algunos?”.

“La tecnología tiene sus límites, y lo entendemos y lo respetamos, pero la práctica en persona tiene sus limitaciones en términos de alcance y accesibilidad, por lo que de ahí nace nuestra propuesta para resolver ese problema”, añade Williams.

Lavender se ha subido al carro de las aplicaciones de meditación, pero con ciertos límites. “Cada vez que alguien se sienta y cierra los ojos, es algo positivo”, dice. “Si estas aplicaciones le permiten a la gente tener una experiencia que puedan disfrutar y que vean sencilla para llevarla a cabo todos los días, fantástico. Si sirve como primer paso para que la gente progrese y aprenda a meditar, todavía mejor”. Lo que nos dice que habría que evitar es pensar que por haber probado una aplicación y comprobar que no nos ha funcionado digamos que la meditación no es lo nuestro, cuando a veces el problema es que no hemos encontrado una app que nos vaya bien. “En ese caso, es una pena”, dice.

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Entonces ¿funcionó meditar?

Llevo practicando la meditación védica cuatro meses y, aunque las recompensas son muchas, no es sencillo. Lo más difícil ha sido comprometerme a meditar dos veces al día. Una vez al día me resulta más fácil, a veces pasa una semana y no he practicado nada, pero veo que, tras cada parón, volver a meditar es un alivio de lo más agradable. Lo más bonito —que Lavender y Miller me han grabado a fuego— es que no tiene por qué ser perfecto. De hecho, cuanto más “descuidada” sea tu práctica, mejor. Si me comparo con mi yo “pre-meditación”, creo que ahora soy más consciente de todo, reconozco mis respuestas instintivas ante situaciones de estrés y a veces consigo desactivarlas o capear el temporal.

¿Y las pruebas de niveles de cortisol después de la meditación? Ahora me levanto con los niveles mucho más bajos, en el rango “normal”, y aunque siguen estando altos durante el día, están mucho más regulados y estables (piensa en una curva más suave, sin picos, en la gráfica del estrés). Y eso también motiva mucho. Así que, mientras combatimos los demás problemas mundiales que nos provocan estrés, me alegra tener la meditación en mi arsenal y les recomendaría que lo incorporen al suyo también.

Fuente: Vogue

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