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El consumismo actual y nuestros hijos, parte I.

A diario un juguete nuevo o la últimas tecnologías... nuestros hijos siempre van a querer algo más. ¿Qué hacer en esos casos?

Hace un par de semanas le he estado dando vueltas al tema de cuánto debemos darle a nuestros hijos y cuándo debemos dejar de darles.

Vivimos en una sociedad donde tenemos fácil acceso a las cosas, a los viajes, tecnología, salidas a comer afuera, vacaciones, entre muchos otros. Tengamos o no tengamos el dinero para hacerlo –porque siempre están las tarjetas de crédito y las distintas posibilidades de endeudarse-, podemos consumir y darles a nuestros hijos lo que ellos deseen. Sin embargo, ¿es tan bueno hacerlo?

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Cuando miro 30 años atrás y comparo mi infancia con la de mis hijos, me da pena y ganas de que todo se hubiera quedado como era.

Aunque casi nunca accedo a comprarles algo cuando me piden y muchas amigas me consideran bien “amarrete” con mis hijos, debo admitir que los tres tienen sus piezas llenas de juguetes –que se han hecho de sus cumpleaños o regalos varios que les traen sus abuelos y tíos- pero lamentablemente son tantos, que no los valoran. Me encantaría que pudieran apreciar más alguna de sus muchas libretitas por ejemplo, y, al igual que lo hacía yo cuando chica para que me duraran más tiempo, las calcaran y guardaran las originales.

Pero no, hoy los niños tienen tanto que no se dan cuenta de su valor y por ello tampoco lo disfrutan como lo hacíamos antes. Este punto me recuerda que los precipitados cambios y la evolución de la sociedad las últimas décadas no necesariamente han mejorado la calidad de vida y facilitado la crianza. Creo que por el contrario, por lo menos estas áreas, se han visto sumamente perjudicadas.

Cuánto más fácil era hace 30 o 40 años atrás educar la tolerancia a la frustración, la sencillez, la capacidad de asombro, la creatividad, la paciencia, el sacrificio o la capacidad de agradecer, valores y actitudes que hoy los niños lamentablemente no conocen.

 

“Que no les falte nada”

Muchos padres llegan a la consulta extrañados de las complicaciones de sus hijos, argumentando que “siempre les han dado de todo”, les cuesta entender que muchas veces esa es justamente la raíz del problema.

Los niños se mal acostumbran, su percepción de la realidad desde pequeños se empieza a alterar. Creen que es obligación de los padres comprarles lo que quieren y tenerlo todo. Dejan de sorprenderse con los juguetes, los viajes, televisores, celulares o con los distintos panoramas que les podemos ofrecer porque son cosas habituales para ellos.

Hace poco estuve con una paciente que por cuarta vez en sus 8 años de vida viaja a Disney con su familia. Me dio tanta pena –por ella, por sus papás y por la infancia en general- escucharla hablar del viaje sin sorpresa ni emoción. Cuando le preguntaba por las princesas que había visto o los juegos a los que se había subido me contestaba enojada los lugares a los que no había podido ir, lo que este año no le había gustado, cuán molesto había sido su hermano pequeño o lo lluvioso que les había tocado.

 

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Aceptar los cambios y adaptarnos.

El mundo ha cambiado y la sociedad con él. Tampoco podemos –por lo menos es mi idea- rebelarnos ante esta evolución o encerrarnos en una comunidad apartada y rehusarnos a vivir en sociedad.

Quizás lo más sano es entender que las cosas son diferentes y que los niños de hoy nunca serán los de antes, pero por otro lado también es nuestra obligación hacer de la crianza un desafío y encontrar formas nuevas para desarrollar en nuestros hijos esos valores que se han ido perdiendo porque hoy no es tan fácil ni natural desarrollarlos en ellos.

 

Chicas, este tema da para largo, por lo que en la segunda parte de esta nota les daré algunos consejos para hacer de esta tarea algo mas fácil. Por ahora, quedan invitadas a reflexionar sobre las diferencias entre el ayer y hoy respecto al consumismo y la crianza.

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