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Lo que no sabemos sobre las nuevas tecnologías, Parte I

Esta semana tuve la suerte de recibir en un grupo de Whatsapp un link para ver una charla de Carolina Pérez, una parvularia chilena, máster en educación en Harvard, quien, además de ser Directora de un Jardín Infantil se dedica, entre muchos otros, a difundir los últimos descubrimientos de las neurociencias relacionados con la educación y la población infanto juvenil.

En la charla que les cuento, Carolina Pérez expone de una forma científica pero simple los efectos negativos de la exposición de los niños a las distintas pantallas y dispositivos, ipads, computadores, celulares y videojuegos. Para los que están criando, educando o simplemente encuentran que el tema de los usos y aplicaciones de la tecnología es interesante, deben verla. La pueden encontrar en Youtube como “Charla de Carolina Pérez: los niños y pantallas”.

En lo personal, me llevé una sorpresa al encontrar allí los argumentos científicos que avalan lo que siempre creí, intuí y traté de transmitir a mis pacientes: estar pegados a una pantalla es nefasto.

 

Cambio social

Hace casi 10 años atrás, en paralelo con el trabajo en la consulta, estuve haciendo talleres para padres y madres, docentes y educadores y para alumnos en algunos Colegios de la región. En ese tiempo ya encontraba necesario tocar el tema de las pantallas, por lo que comencé a dictar un taller que se llamaba “acceso de los niños a las nuevas tecnologías”, que tenía como fin educar al público sobre este tema que era relativamente nuevo. Hablábamos de la importancia de restringir el uso de consolas, acortar tiempos de exposición a la televisión, de la importancia del tiempo en familia, de estar al aire libre y de la parentalidad positiva.

En ese tiempo, si bien niños y jóvenes tenían acceso a consolas, computadores, celulares y televisión, el panorama era otro. No existía Whatsapp, ni realidad virtual, ni pantallas interactivas, ni tablets en todas las casas, tampoco existía Netflix, por lo que no se generaba tanta adicción y el riesgo y el nivel de exposición era mucho menor al actual, pero aun así, ya se veían consecuencias negativas.

Hoy en día las cosas han cambiado muchísimo. La mayor parte de los motivos de consulta que he recibido durante los últimos tres años son temas que tienen relación y/o provienen de la sobreexposición de niños o sus padres a las pantallas (porque no sólo niños y adolescentes tienen problemas con este tema).

Muchos de los problemas con la agresividad, poca tolerancia a la frustración, desmotivación escolar, repitencias, trastornos de ansiedad, negligencia parental e hipersexualización de niños y adolescentes tienen directa relación con este tema.

¡Y me da tanta rabia! Porque siendo la raíz del problema algo tan “simple” de resolver (para mí es claro: poner reglas básicas sobre las pantallas y prohibir algunas de ellas), estos han sido los casos más complejos y muchos de ellos casos perdidos porque los padres no quieren entender el daño que estas hacen a sus hijos, a ellos y a sus sistemas familiares, priorizando otros valores.

 

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Padres y madres cansados y cómodos

Nadie dijo que ser padres era fácil. Además de la crianza en sí, están las exigencias del trabajo, presiones sociales, conflictos de pareja, problemas económicos y de salud entre muchísimos otros. Esto genera que papás y mamás estemos cansados, y, en muchos casos, ya no queramos más guerra cuando llegamos del trabajo a la casa, sobre todo cuando tenemos hijos con problemas, hijos muy chicos que dependen de nosotros o adolescentes que a ratos nos hacen la vida complicada, por decir lo menos.

Ante esta realidad, qué más fácil que regalarle una consola, un ipad o un celular a mi hijo para que no me moleste y así poder enchufarme en mi propio celular para tener algo de diversión y desconexión.

 

Cerebro Manipulado

Esta desconexión casi inmediata que logramos adultos y niños al meternos en alguna pantalla se logra ya que el cerebro empieza a secretar dopamina, neurotransmisor relacionado con las adicciones y la búsqueda del placer, la misma que nos entrega motivación, una experiencia subjetiva de deseo y nos genera necesidades. Esta sustancia hace que exponerse a una pantalla se sienta muy agradable y además adictivo, por lo que muchas veces nos metemos “un ratito” al celular y, entre aplicación y aplicación, lo apagamos dos horas después.

Como relata Carolina Pérez en su exposición, existen laboratorios que trabajan con las empresas que hacen los videojuegos, aplicaciones de celulares y programas varios, que se dedican a estudiar nuestros cerebros y aplicar esos conocimientos para que estas tecnologías gatillen en nosotros la secreción de dopamina. Finalmente es todo un negocio, a nadie le importan nuestros hijos y como siempre, hay temas económicos detrás.

 

Esto es todo un tema y da para mucho de que hablar. Es por eso que la próxima semana seguiremos con el mismo pero las dejamos invitadas a la reflexión ¿cómo es nuestra relación con las nuevas tecnologías?

 

Fotografía de Jelleke Vanooteghem en Unsplash

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