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Dejemos que los niños se aburran

¡Que se aburran!

Hace sólo algunas semanas que los niños salieron del Colegio y en mi casa se nota una diferencia grande… más desorden, menos tiempo para mí, para estar sola, para trabajar, incluso para escribir estas notas. Es que las vacaciones escolares son un tema para muchas mamás quienes piensan que, para poder seguir con su vida normal o para que sus hijos estén contentos, deben inventar cosas para que los niños no se aburran en casa.

 

Necesidad de estar haciendo siempre algo

Vivimos en una sociedad en que todos necesitamos producir y hacer cosas, en que no nos damos tiempo para flojear, mirar el cielo o quedarnos “pegados” pensando echados en la cama. Hay un afán de producción constante y como adultos tratamos de replicar esto con nuestros hijos.

 

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Esta necesidad de los padres por llenar los espacios de ocio de los hijos se hace evidente sobre todo los días previos a las vacaciones donde los chat de los cursos colapsan de mamás en busca de actividades para sus hijos y de ofertas de distintos tipos de talleres, escuelas de verano (de esas en las que hasta almuerzo le dan a los niños), clases particulares y todo tipo de actividades para ellos.

¿En qué momento padres y madres nos volvimos tan culposos que nos empezó a dar “pena” que nuestros hijos no tengan nada que hacer? ¿Cuándo se puso de moda “llenarle la agenda” a nuestros niños?

Haciendo memoria, cuando yo era chica no era así. Mi mamá y mi papá seguían su vida absolutamente normal en el verano, hasta dormían siesta los fines de semana. Así que con mis hermanos no nos quedaba otra que inventar algo para entretenernos, porque ni siquiera tele podíamos ver. Después de aburrirnos un rato y pensar qué podíamos hacer, se nos hacía corta la tarde compitiendo como los “Gladiadores Americanos”, jugando a las muñecas de recortar, creando bailes o haciendo experimentos y manualidades.

 

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Beneficios del aburrimiento

Desde la psicología nada mejor para que los niños desarrollen su creatividad e inteligencia y para que estrechen lazos con sus hermanos que el tiempo de ocio y aburrimiento.

Es que son precisamente estos momentos en que no se les estimula ni se les guía los que les permiten a los niños comenzar una búsqueda interior para encontrar recursos personales que les permitan llenar este espacio vacío.

En el año 2007, la investigadora británica Teresa Belton, experta en Educación y Aprendizaje, publica un artículo en el que sostiene que el aburrimiento es fundamental para el desarrollo del aprendizaje y la creatividad, ya que en los momentos de aburrimiento surgen momentos de soledad y búsqueda interna que los niños necesitan para poder generar nuevas ideas y pensamientos.

 

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Es en estos momentos de no hacer nada que los niños (y adultos también) deben poner en marcha su imaginación y la creatividad para elegir qué recurso utilizar. Lamentablemente hoy en día esto se da poco, ya que los niños y adolescentes viven sobre estimulados y siempre tienen algo a mano para entretenerse.

Desde el Colegio –en que casi todas las actividades son guiadas (por lo menos en la educación tradicional)- hasta el tiempo que pasan en casa, donde muchas mamás estimulan a los niños con rutinas y actividades como verdaderas parvularias, los niños no tienen un minuto para sentirse aburridos.

 

Trabajar la tolerancia a la frustración

No sólo para movilizar recursos personales, desarrollar la inteligencia y creatividad sirven los espacios de aburrimiento.

Al no tenerles siempre un panorama a nuestros hijos también les estamos dando la posibilidad de que aprendan a tolerar la frustración que les genera este espacio de aburrimiento al principio.

Foto Kat J en Unsplash

En las nuevas generaciones existe un problema grave con la tolerancia a la frustración y es precisamente por esto, porque los padres no soportan ver a sus hijos tristes, aburridos o enojados, por lo que tienden a complacerlos, a darles soluciones y a evitarles el dolor o incomodidad a cualquier precio.

 

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Capacidad para resolver

Además, al no tenerles panorama siempre, enfrentamos a nuestros hijos a un problema importante que deben resolver. Así les damos una oportunidad para inventar planes y experimentar.

En lo personal, gozo cuando mis hijos después de mucho catetearme y pedirme que juegue con ellos, se rinden y a los minutos se las ingenian para crear los mejores juegos juntos. Disfruto verlos hablando solos, creando, resolviendo, haciendo trabajo en equipo con sus hermanos y gozando con las cosas más simples.

 

Aburrimiento productivo

Para que los niños se aburran y pongan en marcha todas estas funciones y procesos que he mencionado, lo primero que tenemos que procurar es tenerles un espacio que les permita aburrirse de forma productiva.

Tenemos que contar con un espacio seguro en casa donde se les pueda dejar solos y donde tengan hojas y lápices a mano, materiales de desecho (botellas plásticas, rollos de toalla nova vacía, envases de yogurt, etc.), libros adecuados para su edad, algún instrumento musical, pelota y disfraces, entre otros.

Además tenemos que hacernos el ánimo de tolerar sus quejas que no serán menores (¡porque pucha que son catetes los niños aburridos!). No podemos sentirnos mal. Y si empiezan a flaquear, denle otra leída a esta nota, apártense de sus hijos o enciérrense en el baño algunos minutos y piensen en lo beneficiosa que será esta experiencia para ellos.

Después de un rato se acordarán de mí cuando los vean creando, imaginando y desarrollando todas sus capacidades.

 

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Fotografía principal Pim Chu en Unsplash

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