Psicología

Ser feliz para hacer feliz

Una nota sobre autocuidado

Nunca me he detenido a escribir sobre la importancia del autocuidado, y eso que es un tema con el que trabajo siempre con las mamás y papás de mis pacientes. En psicología entendemos el autocuidado como todo aquello que realizamos en favor de nosotros mismos, para mantener nuestra salud y bienestar físico y emocional.

El autocuidado como tal, se hizo conocido en la década de los ’80 al ser asociado al famoso síndrome de burnout, o de desgaste profesional –padecimiento que sufren como respuesta a un estado de estrés prolongado profesionales que trabajan cuidando o atendiendo a otras personas.

 

Fotografía: Zach Lucero on Unsplash

Desgaste parental

Desde que trabajo con padres y madres en el tema de la crianza y la parentalidad positiva he aplicado el autocuidado en la práctica clínica y con muchísimo énfasis, ya que, más que los mismos médicos, profesores o cualquier otro profesional que se desempeñe atendiendo personas o trabajando con ellas, los padres, madres o cualquiera que críe, al estar 24/7 “atendiendo” a nuestros hijos, también corremos el riesgo de estresarnos (¡y muchísimo!).

 

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Por otro lado, a diferencia de los profesionales que tratan con personas, no podemos pedir licencia ni renunciar, por lo que autocuidarnos resulta aún más necesario.

Es que si no somos capaces de autocuidarnos y estar bien ¿cómo pretendemos que quienes más queremos lo estén?

 

Algunos síntomas del desgaste parental:

  • Síntomas psicosomáticos como dolor de cabeza, de estómago, trastornos del sueño, entre otros.
  • Síntomas conductuales como problemas de pareja (sumamente recurrentes, muchos al no ser tratados terminan incluso en separaciones), problemas laborales, conducta agresiva que muchas veces se expresa en conductas desrreguladas con los mismos hijos (por ejemplo nos pueden pedir que los ayudemos con una tarea y en vez de decirles que no podemos ayudarlos, explotamos y les gritamos).
  • Síntomas emocionales como ansiedad, angustia, depresión, cansancio crónico, intolerancia, dificultad o incapacidad para sentir placer, hipersensibilidad, insatisfacción, impotencia, etc.

 

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Fotografía: Zach Lucero on Unsplash

Adiós culpa

Lamentablemente a quienes crían les cuesta integrar esta práctica en su desempeño diario. Piensan que la crianza es una etapa de postergación absoluta y sacrificio. No entienden la importancia del autocuidado, de quererse, regalonearse y muchas veces, priorizarse por sobre los propios hijos. Pocos entienden lo que considero debiera ser lema: mientras la mamá o el papá estén felices y bien, los hijos también lo estarán. Llámenme egoísta, pero lo creo firmemente.

Cuántas veces he recibido mamás absolutamente sobre pasadas, que duermen con el hijo de 5 años en la mitad de la cama, que no tienen vida de pareja hace años, que están depresivas, agotadas y frustradas. Mamás que llegan consultando por los problemas de sus hijos, pero terminan admitiendo con mucho dolor y culpa que no pueden y no quieren más. Mamás que se terminan dando cuenta que el verdadero problema lo tienen ellas.

 

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Basta de ser tan buenas y santas madres (y padres en algunos casos). Debemos aceptar que la crianza es una labor sumamente estresante, agotadora, monótona, frustrante y muchas veces fome. No nos tratemos de autoconvencer que no necesitamos del autocuidado porque no es así.  La sonrisa de nuestros hijos, sus cartas, sus abrazos, sus premios a fin de año son regalos invaluables para quienes los hemos formado y criado, sin embargo, no son suficientes ni nos protegen del desgaste de ser padres.

 

 

¿Cómo autocuidarnos?

Si después de leer lo que va de la nota me encontraron razón, acá les dejo algunas sugerencias para regalonearse y cuidarse para estar bien y poder criar mejor cada día.

  • Equilibrar los tiempos. Quienes tenemos hijos, sobre todo cuando son pequeños, sabemos que si no ponemos límites podríamos estar todo el día ocupadas en ellos, porque siempre quieren estar con nosotros y están llenos de necesidades. Por ello, debemos poner un claro límite a esto. Dedicar un tiempo diario a alguna actividad que sea sólo de nosotras (el trabajo no cuenta por supuesto), hacer algún deporte, juntarnos a tomar un café o un traguito con alguna amiga, ver una serie tranquilas, etc. Lo importante es asegurarnos el tiempo para desarrollar nuestros intereses, nuestros pasatiempos y para estar con nuestras amistades (no cuentan las juntas en la plaza con otras “mamitas”).
  • Saber que la perfección no existe, menos cuando se trata de criar. Si establecemos expectativas demasiado altas estaremos frustradas siempre y nos sentiremos sumamente culpables.

Esto es especialmente difícil hoy en día, cuando las redes sociales nos bombardean con fotos e historias de gente que hace parecer perfectas sus familias y su vida. No falta la gringa que tiene 8 hijos que sube y sube fotos, en todas sonriente, regia y nos hace creer que debemos estar así, que esa es su realidad y que puede estar todo perfecto.

  • Aprender a delegar y aprender que no todo lo tenemos que hacer nosotras mismas. Debemos tener personas de confianza que se puedan encargar de nuestros hijos.

Hay mamás que se jactan de no dejar a sus hijos nunca, otras que no confían en nadie. Debemos aprender a “soltar” un poco y ser capaces de tener nuestra vida aparte, sobre todo si tenemos pareja. Y si no la tenemos, actividades como ir a depilarnos, tomarnos un café con amigas o ir a comprar ropa tratemos de hacerlo sin niños ¡porfavor!

  • Aprende a regalonearte con pequeñas cosas: un baño de tina, ir a caminar por la playa, hacernos una máscara facial, etc. Estos pequeños regalos nos sacarán de la rutina, del rol de ser mamás y nos harán sentir especiales.
  • De vez en cuando debemos intentar encontrar la forma de arrancarnos por más de una noche. Puede ser en pareja, con amigas o solas (mejor si son todas).

Establecer estos descansos más largos con cierta frecuencia. Una vez al semestre una escapadita de viernes a domingo o una vez al año una semanita sin niños le hace bien a cualquier persona.

  • Comer y dormir bien siempre. Hay padres que, por preocuparse de darle la comida a cada uno de sus hijos dejan de comer, o no tienen tiempo de hacerlo. O peor aún, almuerzan las sobras de sus hijos para que no se pierda nada o para economizar tiempo. La hora de comida, así como la hora del descanso deben ser siempre sagradas porque afectan directamente nuestra salud y bienestar.

 

¡Ahora a cuidarnos y a ser las mamás y papás más felices, satisfechos y buenos criando!

 

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Fotografía principal: Jenn Evelyn-Ann on Unsplash

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