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¿Qué pasa cuando la mamá deja de estar presente en la familia?

Pueden ser muchos los motivos, y las consecuencias.

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Antes de comenzar esta nota, es importante dejar claro que en que hay muchos casos en los que esta figura central puede ser el padre, la abuela o incluso una tía. En esta oportunidad, nos centraremos en lo que pasa cuando esta figura, es la madre.

Pensar en la mamá es pensar en el soporte de la gran mayoría de las familias de Chile y del mundo. ¿Qué pasa cuando esta se enferma o deja de estar?

La figura de la madre para un hijo

Aunque muchas mamás nos enfocamos más en lo que hacemos mal o dejamos de hacer con nuestros hijos, en lo que nos falta para ser realmente buenas y cumplir nuestro rol para darles a quienes más queremos lo mejor, lo cierto es que para nuestros hijos siempre seremos lo máximo tal como somos.

A pesar de todos los defectos que podamos tener, la figura de la madre es tan importante para los niños y adolescentes que el sólo hecho de estar ahí y cumplir con lo mínimo, les da la seguridad, confianza y estabilidad que necesitan para crecer y desarrollarse.

Estabilidad familiar como soporte para el desarrollo

Sea como sea la familia, la figura materna constituye un pilar fundamental para todo niño. Aun cuando no sea la madre biológica, (generalmente) la mamá es quien le brinda estabilidad a este grupo.

El buen cumplimiento de las funciones maternas es la base para la estabilidad familiar percibida por el niño, elemental para el adecuado desarrollo psíquico y emocional de los niños. Y tener un adecuado equilibrio psicológico y emocional es, a la vez, básico para que el niño desarrolle sus habilidades, capacidades y potencialidades.

Estudios señalan que la muerte de la madre suele provocar más cambios y una mayor discontinuidad en la vida de los niños que cuando fallece el padre.

Enfrentarnos a una enfermedad o a la muerte

Hoy en día accidentes automovilísticos, afecciones cardíacas y el temido cáncer nos amenazan muy de cerca, por lo que enfermar o dejar de estar es muy posible.

Ante esta realidad lo primero que pensamos es en nuestros hijos. ¿Sufrirán mucho? ¿Quién cuidará de ellos? ¿Cómo podrán tolerar una pérdida tan importante? La muerte de la madre es uno de los acontecimientos estresantes más fuertes que puede vivir un niño o adolescente.

Al respecto hay una primera sugerencia: nunca criar hijos creyéndonos indispensables. Existen mujeres que por inseguridad forman a sus hijos haciéndose necesarias para ellos. Lamentablemente estos hijos sufrirán mucho más y les costará mucho más reponerse ante la muerte o enfermedad de su mamá.

Si bien somos sumamente importantes y únicas para nuestros hijos, ellos no morirán si nosotros lo hacemos. Seguirán con su vida, hacia adelante, desarrollándose, creciendo y podrán ser, después de trabajar el duelo, personas felices. Si consideramos esto, lo más importante es criar hijos seguros de sí mismos, independientes y autónomos, capaces de estar bien aun cuando no estemos pegados a ellos todo el tiempo. Hijos que tengan otras figuras de apego y que no dependan sólo de nosotros.

Evitemos ser esas madres que si no están, los hijos no estudian, las que no salen de la casa porque sus hijos “no están acostumbrados a quedarse con otra persona”, las que no tienen vida más allá de sus hijos y que generan con sus hijos un vínculo tan confuso y dependiente que cuando estos crecen se sienten culpables por querer irse de la casa, casarse o dejar a su mamá sola.

En el caso de enfermedad o muerte es recomendable:

  • Potenciar vínculo del niño con figuras femeninas relevantes para él (tías o abuelas, por ejemplo).
  • Generar redes de apoyo con el Colegio o Jardín Infantil para que reciban contención y soporte desde fuera.
  • Brindar apoyo al padre que sobrevive o que está sano y que se encargará del niño.

Evitar las mentiras

Sumamente importante es saber que, pase lo que pase, nunca debemos ocultar la verdad a nuestros hijos. Aun cuando creamos que saber la verdad los angustiará.

Los niños, por chicos que sean, perciben y se dan cuenta de todo, por lo que mentirles sobre una realidad familiar sólo aumentará su inquietud, ansiedad y angustia. Además, dada su enorme capacidad de fantasía, podrían llegar a imaginar cosas terribles, que no nos van a comunicar, pero que van a generar en ellos fuertes sentimientos depresivos, de angustia, ansiedad y miedo.

Debemos ser claros, concretos, simples, tenemos que contarles sobre la enfermedad sin dar detalles de más, informarles sobre lo que está pasando en casa para que entiendan porqué las cosas no son como antes.

En el caso de enfermedades graves, terminales o de la partida de la mamá, lo mejor es, además, asesorarse con una psicóloga infantil que los pueda guiar en este difícil proceso.

Es impresionante cómo, si les damos la información adecuada, los niños aceptarán la situación, en algunos casos, incluso mejor que los adultos y lo manejarán con más calma.

Efectos de la pérdida

Perder a la mamá afecta a niños y adolescentes de distintas formas. Muchos factores influyen en los efectos que tiene esta pérdida: el sexo del niño, su inteligencia emocional, edad, contexto del fallecimiento, tipo de muerte, entre otros factores que no podemos controlar. Sin embargo lo que sí podemos manejar es la forma de llevar la muerte y/o la enfermedad previa.

Los niños que son engañados, que no reciben ningún tipo de ayuda o contención experimentan efectos más negativos, intensos y duraderos que aquellos niños a quienes se les dio una adecuado apoyo y cuyos adultos responsables manejaron bien la situación de enfermedad y muerte.

Con respecto a los efectos, hay algunos inmediatos a la muerte como sentimientos de tristeza y pérdida, síntomas ansiosos como miedo y ansiedad de separación, síntomas depresivos (llanto, tristeza y/o trastornos del sueño), alteraciones de la conducta (inquietud y/o agresividad), problemas de aprendizaje y rendimiento escolar, trastornos de eliminación y síntomas somáticos entre otros.

Más a largo plazo, se pueden observar efectos relacionados con la sensación de seguridad y abandono para toda su vida, lo que va a interferir sin duda en su desarrollo emocional normal.

Es por esto que es tan importante estar preparados e informados para, de ser necesario, ejercer un buen manejo de la situación. Sin duda será un regalo para nuestros hijos si alguna vez dejamos de estar.

María Paz Gatica Jamett
Psicóloga Infanto Juvenil

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