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Siete asuntos personales que no debieses compartir con otros

Y te explicamos por qué.

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Hay una diferencia entre la honestidad y el compartir demasiado. En el segundo caso, confiamos de más en quienes no debemos. Alardeamos de nuestras cualidades, buenas acciones, y nos autosaboteamos en nuestros logros.

Si tu también eres de las que comparten un poquito de más, es bueno tener una lista que nos haga conscientes de aquello de lo que no debemos hablar, o a lo menos no con extraños ni muy seguido.

Tus secretos y los de otros

Hablar de los secretos de otros solo demuestra que no eres digno de confianza, y le da una imagen muy negativa de ti a la sociedad. Hablar de tus propios secretos solo te deja expuesto… Por algo son secretos, para empezar.

Entonces, si lo que tienes que decir no es bueno, no ayudará a nadie y ni sabes si es cierto para empezar, mejor quédatelo. Ojo que esto incluye muchas veces, problemas familiares que no se benefician en nada de andar chismeando por ahí.

Si además lo haces en frente de las personas sobre las que estás contando algo, no lo estás haciendo para nada bien.

Tus propiedades

Aquellas que no hacen más que jactarse de sus bienes materiales no solo tienen una conversación bastante pobre y autoenvolvente, siendo incapaces de escuchar lo que otros tienen que decir y volviendo siempre al juego del yo-yo. Sino que además son personas con muy baja autoestima.

Quienes no tienen más que compartir que sus posesiones materiales, tienen severas fallas de empatía y personalidad. Tratan de mostrar fortaleza y buscan atención hablándote de todo lo que tienen y toda la gente importante que conocen.

No son capaces de temas menos superficiales. Además de ser tremendamente aburridos, esto los hace parecer obsesionados con el costo material de las cosas.

Cuánto ganas

El que los demás sepan cuánto ganas te deja vulnerable a aquellos que parecen buitres de andar pidiendo prestado (y jamás devuelven). Y ya es tremendamente desagradable estar recibiendo peticiones de préstamos todo el tiempo.

Además, hay quienes solo hablan de lo que ganan, por lo visto en el punto 2: no tienen nada más. Por si fuera poco, discutir tu situación financiera en frente de otros, sin saber bien de la suya, pude hacerlos sentir mal, o que estas tratando de hacerte pasar por alguien superior a ellos. Es decir: es de muy mal gusto.

Para rematar, quienes siempre hablan de su prosperidad financiera tienen bastas inseguridades personales. Necesitan atención y aprobación constante, y quedan como personas con graves fallas de carácter.

Tus metas futuras

No, no es malo compartir tus sueños, no te hace superficial ni nada. El problema aquí es otro, y te lo vamos a contar de inmediato. Está demostrado que, cuando cuentas tus metas, se reduce la posibilidad de lograrlas en el futuro.

Esto porque al contar nuestros sueños hay una falsa sensación de logro, que hace que pongamos menos empeño en empezar a lograr tales metas. Por esto, es mucho más probable lograr metas de largo plazo si no hablas de ellas.

Las buenas acciones que hacemos por otros

Si nuestro único motivo de hacer el bien a otros es poder pasar la vida poniéndonos en un pedestal, jactándonos de lo buenas personas que somos, tenemos un severo defecto a la empatía y la personalidad.

Incluso hay quienes tratan de enmascarar el hecho de que se están jactando contando la terrible historia de aquella pobre persona a la que han ayudado, y al punto uno me remito. No tenemos derecho a andar por la vida contando las vicisitudes de otros.

Si lo cuentas de vez en cuando entre amigos, o estas realmente tratando de sumar a otros a la causa, este no es tu caso y no te sientas ofendido. Lo tuyo si es una buena obra. Si NECESITAS contar lo bueno que eres, déjame decirte que no eres tan bueno para empezar. ¿Alguien dijo ego?

Tus creencias y preferencias

Hay una frase en este país que las madres nos repiten constantemente al inculcar buenas costumbres: En la mesa jamás se habla de religión, política o futbol. Por supuesto, esto no refiere a la mesa familiar, donde hay cierto grado de confianza (y esperemos que falta de agresión), pero nos sirve justamente para ejemplificar este punto.

Está bien ser espiritual y buscar el sentido de la vida. Lo que no está bien es tratar de imponer tu sentido de la vida a otros. Sentirte superior moralmente por pertenecer a tal o cual religión (el ego es pecado mijito) ni menospreciar a otros por no compartir tus creencias.

Si usted necesita imponer sus creencias a los demás, no está convenciendo a nadie de nada más que de su propia petulancia. Como les decía: en un ambiente de respeto y confianza podemos hablar de todos nuestros gustos. Pero no podemos imponérselos a los demás. Eso se llama intolerancia.

Lo muy, muy, muy valiente que eres

Si realmente eres un héroe, es muy probable que otros vayan por la vida contando tus historias; que se filtre aquel video donde trepaste nueve pisos para rescatar a un niño y/o que tengas el respeto de toda tu comunidad. Por lo tanto, no hay necesidad alguna, para empezar, de ir por la vida contando lo muy inteligente/ valiente/ increíble que eres.

Eso es un poco narcisista. Bueno, es bien narcisista, no tapemos el sol con un dedo. Al igual que en las buenas obras por otros, si solo eres valiente en pos de poder ir presumiéndolo ante los demás, te falta un poquito de profundidad.

Te falta del todo, puede ser que seas un charco. Y no estás engañando a nadie, sólo te dicen que si. Se reconoce a los héroes cuando otros los admiran, eso si que tiene valor.

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