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¿Cómo reaccionar cuando a nuestros hijos les pasa algo malo?

La responsabilidad de ser padres y madres tiene muchas aristas.

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“No se preocupen, papá y mamá”, así partía la carta que envía Ekkarat a sus padres. Uno de los 12 niños que estuvieron atrapados en Tailandia. Es conmovedor leer cómo a sus 14 años de edad este niño tiene conciencia de lo preocupados que están sus padres y cómo, lo primero que hace es encargarse de tranquilizarlos.

Es que en la situación en la que se encontraron dentro de la cueva, ¿qué padre o madre no estaría con los nervios de punta? ¿Quién de ustedes no empatizó con ellos? ¿Qué sentiríamos nosotros si alguno de nuestros hijos estuviera en una situación similar o si supiéramos que lo está pasando mal y que su vida está en riesgo

La responsabilidad de convertirnos en padres

Todavía recuerdo cuando nació mi primera hija. Junto con toda la emoción, felicidad y amor que sentí al verla por primera vez, no puedo olvidar esa cuota profunda de angustia, miedo y ansiedad que abrigué cuando me di cuenta la enorme responsabilidad que significaba que esta guagüita indefensa dependiera casi en exclusiva de mí. Sin duda, más grande que cualquier otra responsabilidad que hubiera asumido en mi vida.

Y aunque suene pesimista, sentí que con el nacimiento de mi hija nacía el riesgo de perderla, de que algo le pasara, que se enfermara, que sufriera o que lo pasara mal…

Es que al convertirnos en padres asumimos el rol completo. Y sobre todo en las primeras etapas, cuando nuestros hijos son 100% dependientes de nosotros. Nos necesitan para alimentarse, para mantenerse limpios y sanos, son pura necesidad. Nos formamos como padres en esta dinámica de dependencia que implica una responsabilidad enorme y una presión constante.

Cuando a nuestros hijos les pasa algo malo

El estrés que nos genera que un hijo esté mal es inevitable. Pero es este mismo estrés el que empeora la situación de nuestros hijos, ya que, al igual que Ekkarat, muchos de ellos empatizan con nosotros y saben, por experiencia, lo mal que estamos cuando ellos lo están, por lo que se angustian y preocupan también, generándose un círculo bastante vicioso.

¿Cómo podemos manejar este estrés para que no afecte de forma negativa a nuestros hijos?

Responder esta pregunta es difícil. Cuando se trata de estrés laboral, de estrés proveniente de un trastorno emocional u otro, hay técnicas específicas que nos podrían ayudar. Pero cuando se trata del estrés, angustia y/o preocupación por un hijo, no hay técnicas específicas.

Consideraciones generales para evitar estresarse en situaciones límite

  • Primero que todo es importante, como modo de vida, evitar estresarnos por cosas pequeñas. Hay personas que tienen la mala costumbre de ahogarse en un vaso de agua y angustiarse por cosas innecesarias. Si nos estresa que nuestro hijo tenga 38°C de fiebre, que no nos hayan invitado a un cumpleaños, que se nos dé vuelta el pan con mermelada en el cubrecamas o que tengamos poco tiempo para hacer un informe que debemos entregar al día siguiente, probablemente las situaciones estresantes reales, nos generarán un nivel de estrés desbordante que no podremos manejar y que obviamente traspasaremos a nuestros hijos.
  • Es súper importante valorar las cosas que tenemos y darnos cuenta que no todo puede ni debe estar perfecto para que esté bien (mucha perfección es incluso sospechosa), evitando ver problemas donde no los hay. De esta forma, cuando nos enfrentemos a problemas normales lo haremos con objetividad, tranquilidad e intentaremos dar soluciones.
  • Aprendamos a decir que no. Muchas veces nos llenamos de responsabilidades y asumimos roles que no nos corresponden para ayudar a otros o porque simplemente no podemos negarnos. Llenarnos de este tipo de cargas adicionales nos generará dosis extra de estrés.
  • Ser muy perfeccionistas también es una fuente constante de estrés. Tratemos de ajustarnos y no exigirnos a nosotros y al resto demasiado.
  • Frente a una situación de estrés, evitar fumar, comer o beber alcohol en exceso. Esta es una recomendación bien práctica. Hacerlo tiende a aplacar el estrés de forma momentánea. Pero luego deja de hacer efecto y aumenta el nivel de estrés aún más.
  • Tratar de estar cerca y apoyados por nuestro círculo más íntimo de amistades y familiares. Sobre todo de aquellos que nos pueden aportar. Con ellos debemos intentar expresar nuestros sentimientos, preocupaciones o miedos.  Verbalizar lo que nos estresa nos ayuda a “descargar” y disminuye inmediatamente nuestros niveles de estrés.
  • Otra sugerencia para manejar situaciones de estrés es “reformular el problema” o cambiar la forma en que lo estamos percibiendo. Tratar de rescatar algo positivo de la situación y ver las oportunidades que pudiéramos tener con lo que estamos viviendo nos ayuda a mirar la dificultad con otros ojos.
  • También podemos hacer una “imaginería” de las cosas positivas de nuestra vida. Cerrar los ojos e imaginarnos lugares, situaciones, recuerdos o personas que nos provoquen sentimientos positivos que nos ayuden a contrarrestar los sentimientos de angustia, ansiedad o estrés.
  • Excelentes son la meditación o yoga para disminuir niveles de estrés.

Autocontrol

Sea cual sea la estrategia que escojamos, intentemos siempre controlar nuestros niveles de estrés frente a nuestros hijos. Muchas veces podemos creer que los niños no se dan cuenta de las cosas. Que no ven y no “entienden” nuestras emociones, pero no es así. Son sumamente perceptivos y están siempre observando todo.

Evitemos afectarlos, asustarlos en exceso y traspasarles nuestros miedos y angustias para que puedan vivir su infancia libres y felices. Sin preocupaciones de adultos ni sentimientos que difícilmente podrán manejar como el estrés.

María Paz Gatica Jamett
Psicóloga Infanto Juvenil

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