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Trabajemos en una crianza respetuosa: ¡Que los niños no sean adultos!

¿Sienten que los niños crecen demasiado rápido... A propósito?

Unsplash

Hace algunas semanas escribí sobre cómo estamos haciendo crecer antes de tiempo a nuestros hijos e hijas y sobre cómo la sociedad les exige demasiado a los niños (pueden revisarlo en el link que les dejo acá).

Desde los medios masivos de comunicación hasta nosotros mismos pasamos a llevar la infancia. Les exigimos más de la cuenta, tratamos de que actúen como adultos y así nos den “menos problemas”.

Sobre exigencia académica

Incluso los mismos colegios han dejado de ser un lugar donde se cuida y respeta la infancia. Por comodidad, caen en la misma moda que imponen los medios. Les muestran videos de Youtube durante los recreos (harto más fácil que estar dando vueltas la cuerda para que salten como se hacía en mi época). No los dejan ensuciarse mucho y en gimnasia les enseñan los bailes de moda –totalmente hipersexualizados- “para que no se aburran”.

Les exigen demasiado, iniciándolos en procesos pedagógicos inadecuados para sus posibilidades neurológicas. Los mandan al psicólogo si se comportan como niños y los dejan usar celulares y tablets perdiendo gran parte de la magia social que se producía antiguamente en los recreos.

Ausencia de tiempo libre

Por otro lado, mamás y papás se vuelven locos inscribiendo a sus hijos en actividades extraprogramáticas. Se aseguran de que todos los días de la semana, incluso los sábados, tengan una actividad luego del colegio. Como si eso les hiciera bien.

Los niños llegan tarde, cansadísimos a la casa y no tienen tiempo para jugar, aburrirse, crear y para ser niños. Olvidamos que lo mejor para ellos y lo que más los ayudará en su desarrollo es tener la posibilidad de relacionarse con pares, estar con nosotros, sus padres y tener tiempo de ocio que les permita jugar y crear.

¡Dejémoslos aburrirse!

Hoy creemos que a los niños hay que darles todo procesado y listo. Los subestimamos. Dejémoslos que se aburran y creen. Que descubran solos, que salgan al patio, que se ensucien y jueguen como lo hacíamos en nuestra época. Que aprovechen la etapa en la que están, que es cortísima y después no se podrá recuperar.

En vez de llenarlos de actividades extraprogramáticas, dejemos que hagan experimentos. Démosle masa y un uslero para que jueguen a hacer galletas. Permiso para jugar con barro, para que usen nuestra ropa o algunos rollos de confort vacíos, papeles de colores, una revista, tijera y pegamento. Verán que conseguirán logros más importantes y un aprendizaje más significativo de lo que podrían haber conseguido en un taller de arte. No hay mejor profesor para nuestros hijos que nosotros mismos.

Aunque tengan mucho que trabajar y estén cansados, intenten pasar un tiempo, aunque sea corto, de calidad con ellos. Esto es lo que más desean. Jugar un juego de mesa, que les lean un cuento o simplemente conversar.

Cuando trabajo con mis pacientes y les pregunto que les gustaría recibir como premio si mejoran su conducta en casa, lo que siempre me dicen es que desean jugar un juego de mesa con sus papás o poder elegir qué hacer con ellos estando en casa. Ni uno solo me ha mencionado que quiere que lo inscriban en un nuevo taller.

Criar respetando, un trabajo duro

Es verdad que la infancia es intensa, demandante y cansadora para los padres (sobre todo si decidimos no dejarlos todo el día frente a una pantalla). Pero también es muy corta. Además, ¿quién dijo que ser padres era fácil?.

Respetemos a nuestros niños, a la infancia. Tratemos de no contaminarla con nuestros vicios de adulto, con nuestras expectativas e ideales, con nuestras deformaciones y miedos.

Crianza respetuosa es eso, escuchar a los niños. Darles un espacio para que se desarrollen y puedan crear, facilitar su aprendizaje si ellos nos lo piden, pero no imponerlo. No obligarlos a hacer cosas para las que aún no están preparados. Ponerles límites y reglas que les permitan moverse con mayor seguridad y les brinden un ambiente con una estructura que los sostenga. Pongámonos sus zapatos, seamos capaces de ver lo que ellos nos muestran y fomentemos en ellos aquello que ellos vieron primero, sin pasarlos a llevar o imponer nuestros gustos e intereses.

Tratemos de no exponerlos a los medios a tan temprana edad, para que ellos puedan decidir libremente y sin ser manipulados. Brindémosle espacios para que puedan ser niños. Necesitamos una cultura de respeto y protección a la infancia que evite sobre exigencias y les asegure espacios de juego.

Ya tendrán tiempo para ser adultos.

María Paz Gatica Jamett
Psicóloga Infanto Juvenil
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