Cerrar
MaternidadPsicología

Mitos y verdades de los castigos

¿Sirven para enseñar? ¿Son malos?

Unsplash

Hace unos meses leí un artículo donde una colega señalaba que era un error castigar a un niño. Que era un concepto pasado de moda, que pasaba a llevar sus derechos y que, por lo tanto, no aplicaba en la actualidad. Proponía, muy moderna, que la solución para todo debía ser el refuerzo positivo.

Sabemos que hay castigos mal aplicados, exagerados, injustos, irracionales, que faltan a la dignidad del niño, atentan contra su autoestima y no sirven de nada.

Pero también hay castigos o “sanciones” efectivas, que son un excelente mecanismo al que podemos recurrir para lograr cambiar la mala conducta de nuestros hijos.

Refuerzo positivo: vital pero no suficiente

Qué importante es para un niño cuando sus padres lo alaban por su buen comportamiento. Cuando la profe le pone una estrella en la mano porque hizo bien sus tareas en el colegio. O cuando la mamá le regala un premio a fin de mes porque logró subir sus notas.

El refuerzo positivo enseña a los niños que lo que hizo está bien. Que realizó una conducta deseada, aprobada y valorada por nosotros por lo que tiene que repetirla. Eleva su autoestima, lo llena de orgullo y le da seguridad. Mejora la relación con sus padres (o con quien lo refuerza) y lo hace feliz.

Sin embargo, hay ocasiones en que se agotan todos nuestros recursos y llegamos a un nivel de desobediencia, rebeldía, conductas desafiantes y desadaptación en que sólo nos queda recurrir al castigo para lograr que nuestro hijo entienda que su mala conducta –a diferencia de la buena conducta- tiene consecuencias no tan agradables por lo que debe cambiar.

Aplicando castigos eficaces

Castigo no es hacer sufrir al niño o niña. No implica humillarlo ni pasar a llevar sus derechos, dejarlo sin almuerzo o sin hacer deporte. Para sancionar o castigar de forma eficaz debemos tener en cuenta los siguientes cuatro puntos esenciales:

1. Fijar las “reglas del juego”

Debemos, en conjunto con nuestros hijos, determinar las reglas y límites que regirán en casa. Esto nos dará a todos una pauta para saber qué comportamiento es deseado y cuál no. Bajo qué circunstancias se le va a castigar y qué sanción se aplicará. Es muy injusto andar castigando por cosas que los niños no tienen idea que nos molestan.

2. Dar oportunidades y advertir los castigos

Una vez que el niño “rompe una regla”, traspasa un límite fijado y se comporta de forma no deseada, se le debe recordar que está actuando mal. Así le damos la oportunidad que mejore su comportamiento y se autocontrole. Si no hace lo anterior y sigue con la conducta indeseada, advertimos de nuevo y le recordamos que éste será el último aviso. A la tercera vez aplicamos el castigo advertido.

3. Aplicar el castigo

Tal como se le advirtió, le comunicamos al niño que está castigado explicándole claramente las razones del castigo.

Es muy importante que la sanción aplicada tenga en cuenta la edad de los niños y que, por supuesto, sea proporcional a la falta cometida.

A los más pequeñitos (entre 2 y 5 años) debemos aplicar sanciones pequeñas como apagarles la tele si están haciendo una pataleta. Les podemos quitar su juguete favorito, dejarlos sin “pantallas” u otra cosa que les agrade. La retirada del privilegio debe ser inmediata para que el niño entienda por qué se le está castigando y debe ser por un tiempo moderado, máximo de unos 30 minutos.

Otro castigo efectivo es el “tiempo fuera”. Pero tengan cuidado. No aíslen del todo al niño, no lo encierren en su pieza ni lo dejen en su cuna, ya que esto generará mayor desesperación y un aumento de la conducta indeseada. Además muchos niños se asustan, se descontrolan y lo que es peor, asocian su cuna, cama o su pieza donde se los encierra con algo negativo por lo que después no quieren estar ahí. Yo recomiendo aplicar un tiempo fuera no tan “fuera”. Podemos sentar al pequeño cerca nuestro pero “fuera” de su lugar de juego o entretención, por unos minutos.

Para niños hasta los 13 años sirve restringir las “pantallas” (consolas, tele, tablets, celular, etc.) No dejarlos ir a casas de amigos y sirve también el tiempo fuera (a esta edad puede ser un poco más reflexivo y largo).

A partir de los 13 años y para los adolescentes en general es muy útil dejarlos sin ir a fiestas, juntas o salidas con sus amigos el fin de semana, quitarles el celular y a los computines prohibirles las pantallas.

4. Nunca dar pie atrás

Para mí este es el punto más importante. Una vez aplicada la sanción o castigo este no puede ser retirado. Muchos papás y mamás caemos en el error de castigar cuando estamos colapsados. Pero pasan las horas y nos empezamos a tranquilizar, se nos pasa la rabia, se nos olvida por qué sancionamos, vemos a nuestro hijo o hija triste, nos da pena, encontramos que exageramos y quitamos el castigo.

Si no somos capaces de mantener el castigo hasta el final, mejor ni lo intentemos. Es mejor no castigar que hacerlo mal. Si seguimos los tres primeros pasos, pero luego somos incapaces de mantenernos firmes, perdemos autoridad, credibilidad y finalmente reforzamos la mala conducta que tratamos de extinguir.

Ademas, si fijamos castigos apropiados es más fácil mantenerlos. Por ejemplo, si nuestro hijo por tercera vez en la semana nos miente y esconde una nota roja y lo dejamos sin ir al cumpleaños de su primo favorito, hijo de nuestra hermana, lo más probable es que terminemos yendo igual. Mantener ese castigo será muy difícil (nuestra hermana nos llamará rogando que vayamos, toda la familia intercederá, no ir implicará que nosotros y el resto de la familia también se pierda el cumple, etc.)

En cambio si aplicamos un castigo apropiado, por ejemplo, dejarlo sin consola por un día, el castigo no afectará a nadie más que a él y nos será más fácil mantenerlo hasta el final, cumpliendo con el objetivo.

Prueben sancionar siguiendo estos cuatro puntos y verán que, sin vulnerar sus derechos o hacerlos sufrir, podrán aplicar sanciones y eliminar conductas no deseadas en sus hijos, logrando un clima de armonía y respeto en casa. ¡Suerte!

María Paz Gatica Jamett
Psicóloga Infanto Juvenil
Podría interesarte seguir leyendo sobre la convivencia escolar y lo que va de la mano con ella. Detalles en este link de PSB.