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La infancia en peligro de extinción

¿No será que obligamos a crecer a los niños muy rápido?

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Nunca pensé que los niños del tipo “Clan Infantil” de Sábado Gigante alguna vez serían mayoría en la sociedad. Hace 30 años esos pequeños sabelotodo, centros de mesa, discutidores y dueños de la razón que Don Francisco entrevistaba y que tanta curiosidad generaban en el público eran especiales.

Salían de los parámetros de normalidad para ese tiempo. No se parecían a lo que éramos el común de los niños, por lo menos en Chile. Hoy ese tipo de niño se ha convertido en un ejemplar que va en aumento.

¿Qué pasa con esta nueva infancia?

Mucha gente cree que los niños de hoy “son mucho más inteligentes” que los niños de antes. Escriben en prekinder, hablan en inglés antes de aprender a hablar en español y se manejan perfecto con el celular. Para mí no es tan así. No creo que sea un tema de inteligencia, sino de que los propios adultos los estamos forzando a crecer antes. A tomar decisiones, a desarrollarse precozmente y a ser y pensar como adultos antes de tiempo.

Estamos frente a una “adultización” de la niñez. Y esto trae repercusiones en la forma en la que los niños ven, comprenden y actúan en el mundo.

Pubertad precoz, obesidad infantil, anorexia y bulimia a muy temprana edad. Trastornos depresivos e intentos suicidas a los 7 u 8 años son algunas de las consecuencias de esta adolescencia que llega antes de lo que debería, haciéndose muy larga y difícil.

Muchos derechos, pocos deberes

Hoy los niños son, en general, inconformistas, poco creativos, desafiantes, consumistas, “marqueros”. Se saben de memoria los derechos de los niños, pero no tienen idea que también tienen deberes. Manipulan, hacen lo que quieren. Hay que explicarles todo, se creen autosuficientes y muchas veces creen saber más que los adultos.

Ya no te piden que les compres una ficha para la pesca milagrosa y así poder ganarse un sticker, hoy quieren tener celulares a los 7 años (y ojo, que no cualquiera).

Son ellos los que desde pequeños deciden dónde celebrar su cumpleaños y a los 15 sin preguntarte eligen “o un viaje o una fiesta”. ¡Plop! En mi época si te celebraban el cumpleaños en la casa y te hacían cáscara de naranja con jalea te dabas con una piedra en los dientes.

El mea-culpa de los padres

Al mismo tiempo, los padres y madres de hoy –que trabajan más y están más horas fuera de casa-, cargan con mucha culpa y parecen temerle a sus hijos. Les da miedo que los “odien”, que sus hijos “sufran” (por ser los únicos que no tienen celular en el curso, por ejemplo). O en el caso de papás separados, los desarma pensar que su hijo o hija los pueda amenazar con irse a vivir a la casa del otro progenitor.

Tampoco hay respeto a la autoridad. Niños y niñas les hablan a sus padres como si fueran pares, los amenazan, chantajean, manipulan y los padres finalmente hacen lo que ellos quieren con tal de no “hacerlos enojar”.

Como los padres les aguantan y no hacen nada (porque les da miedo castigar, retar o poner límites). Los niños creen que tienen el poder de pasar por sobre ellos. Con eso, les enseñan también a pasar por sobre profesores y adultos a quienes deberían respetar, generando un conflicto bien frecuente hoy en día que es el conflicto con la autoridad.

La amenaza de los medios masivos de comunicación

Por otro lado está la gran influencia de éstos, que nos presionan a todos para cumplir expectativas ridículas de perfección, que imponen en nuestras mentes estereotipos inalcanzables y nos empujan a consumir.

Nuestros niños y niñas son mucho más vulnerables que los adultos, ya que su identidad está en formación, y pasan gran parte del día viendo televisión, Netflix o pegados en internet. Mediante los monos animados, publicidad, series infantiles, música, juegos y mensajes subliminales nos manipulan silenciosamente.

A los adultos, nos convencen de hacer crecer a nuestros hijos. Y a los niños, los persuaden que ser adultos es más entretenido que ser un niño porque haces lo que quieres.

Se anima a las niñas a ser “sexys” (cuando ellas ni siquiera saben lo que eso significa) a través de publicidades de niñas que usan carteras, uñas acrílicas y tacos. A los niños a ser musculosos y fuertes. Se fomenta una sexualización precoz de la infancia, que hace que los niños se salten etapas, se “agranden” y pierdan mucho antes la inocencia propia de la etapa que viven –inocencia que no se puede recuperar.

María Paz Gatica Jamett
Psicóloga Infanto Juvenil
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