Especial Día de la MadreMaternidadMujer

Una #MamáPSB: Mi amor por Fátima

Gentileza Ripley
Bellas, esta es la primera de una serie de historias de mamás y no mamás. ¿Por qué? En PSB hemos decidido ver la maternidad desde distintos puntos de vista, pero con algo en común: Mujeres como todas. Cada una de ellas abordó el tema como le acomodaba, y quiso compartirlo con nosotras.

Esta es la historia de Claudia Aldana.

Nunca soñé con ser mamá. No jugué con los Nenucos, porque tuve uno y mi hermano lo desnucó y llegué un día del colegio, para encontrarlo con la cabeza colgando. La maternidad era eso para mi: responsabilidad y un gran susto permanente. Más encima, tenía una carrera que desde los 24 años, me llenaba de orgullo. Sentía que había otras que parían para tener justificación. Que mientras ellas ponían sobre el escritorio los portalápices hechos con rollos de papel higiénico, yo instalaba mis ideas y ambiciones. Mi maternidad era mi pega.

Hasta que la vida me sorprendió. Llegó mi primera hija, a los 34 años, y todo cambió. Nunca más fui dueña de mi tiempo. Subí 35 kilos. Sentí que una gran parte de mi vida se había terminado: dije adiós juventud, bienvenidos los pantalones anchos y la ropa fea. Pero, extrañamente, no importó. La prioridad era, por primera vez, otra persona; que además, no vivía si no me preocupaba. Era la historia del Nenuco, otra vez. Pero esta vez, sin la posibilidad de echarlo a perder.

Un año cuatro meses más tarde, llegó Fátima…

Un 26 de abril, a las 19.42 minutos. Fátima entró al mundo sin reclamar, en silencio, hecha una pequeña pelotita. Salió de mi, y lo supe a la primera mirada: yo vine a este mundo, para ser su mamá. Y sí, también vi sus rasgos y lo supe: mi segunda hija tiene Síndrome de Down.

No supimos en las ecos, ni la traslucencia nucal, ni nada de eso. Como el 90% de las mamás en Chile, lo supe en el parto. Pese a que vivimos en el país del mundo con mayor cantidad de nacimientos de personas con Síndrome de Down, no hay certezas a la hora de hablar de diagnóstico prenatal; o políticas de gobierno. Nace un niño con Síndrome de Down y cada familia hace su propio camino. Yo, elegí hacerlo todo muy público.

Escogí contar en la revista Ya de El Mercurio lo que iba aprendiendo: “mi hija va cada semana a kinesiología, porque es hipotónica”; “la estimulación temprana es lo que marca la diferencia en un niño con Síndrome de Down que se convertirá en un adulto independiente”. Sí, ahora me parece todo repetido y obvio. En ese momento, pasé los primeros pasos de la Fátima acompañada de muchos desconocidos, que me enviaban su buena onda. El primer enemigo de lo diferente es la ignorancia, y creo que esa columna, ese espacio, significó mucho.

Hoy, Fátima tiene 7 años

Está en segundo básico en el mismo colegio que su hermana. Ha sido elegida dos veces como “Mejor Compañera”, porque además de ser la mejor consolando al que se cae, es muy buena inventando historias. Hoy, escribe palabras de dos sílabas, con cubos de madera, porque tiene mucha dificultad para tomar el lápiz. Ama las papas fritas y el helado de piña. Y es la persona con la sonrisa más transparente del planeta. Ha traído gente nueva a mi vida: otras mamás, otras miradas, la diversidad que nunca esperé que marcaría mi vida. De pasarme la vida tratando de encajar, hoy amo que seamos diferentes y nos destaquemos.

Fátima me enseñó la belleza de la diferencia y lo bien que se siente lograr las cosas pequeñas que tanto cuestan. Sí, mi vida es un cliché, pero es la más linda de las vidas posibles.

 

Puedes leer las otras experiencias del especial #MamáPSB en este link. Todas tenemos una relación con la maternidad, tengamos hijos por primera vez, con desafíos impensados, o quizás incluso sin hijos.

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