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Hablemos de cómo educar los hábitos en nuestros hijos

Mamás, sabemos que no es fácil. ¡Acá lo conversamos!

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Un motivo de consulta recurrente es la falta de motivación y bajas notas en niños y adolescentes (sin que exista un trastorno asociado al aprendizaje de por medio). Mamás y papás me cuentan, muy frustrados, que no logran hacer que su hijo estudie, que se organice, que cumpla con las entregas de trabajos y tareas. Que cada vez que entran a su pieza está en el celular, viendo televisión o haciendo cualquier cosa.

Indagando un poco me puedo dar cuenta que estos niños y adolescentes no tienen hábitos y nunca han tenido una rutina que les ayude a organizarse y a hacer rendir el día.

¿Qué son los hábitos y las rutinas?

Una rutina es la pauta que utilizamos para hacer las cosas. Lo que conseguimos con esta pauta es repetir muchas veces una o varias tareas, las que con el tiempo se vuelven automáticas y se transforman en hábitos.

Su importancia radica en que rutinas y hábitos nos permiten conocer y predecir nuestro entorno. Nos dan seguridad y estabilidad, haciendo más confiable nuestro mundo. Si para los adultos esto es importante, imagínense para los niños que están recién conociendo el medio.

Beneficios

Entregarles rutinas para crear hábitos a nuestros hijos es muy importante para que puedan explorar con seguridad y para que confíen en el mundo en que se mueven. Según estudios, rutinas y hábitos entregan equilibrio emocional, confianza en el entorno y en sí mismos, lo que genera un contexto seguro y fértil para el desarrollo físico, mental y emocional de los niños.

Fortalecen la capacidad de planificación, organización mental y orden interno que los beneficiará en su vida adulta. Incluso, investigaciones han asociado que rutinas le dan sentido a nuestra vida. Por otro lado, darles responsabilidades como parte de una rutina los hace sentir que confiamos en ellos, alimentando su autoestima.

Por el contrario, no tener hábitos y rutinas genera inseguridad, incomodidad, incertidumbre, duda. Implica que los niños se muevan solos, sin pautas, desordenados, en un mundo que no conocen bien.

Los niños sobreprotegidos, por ejemplo, aquellos a quienes sus padres no los dejan lavarse los dientes solos por miedo a que lo hagan mal, no los dejan hacer la cama porque “son muy chiquititos”, o esos a quienes las mamás les hacen las tareas para que se saquen sietes, son muy inseguros y no tienen una buena autoestima porque sienten que sus padres no confían en ellos porque no son capaces.

¿Cómo lo logramos educar hábitos y rutinas?

Los niños dependen de sus padres para conocer el mundo y manejarse en él de forma segura. Por esto somos los más idóneos para educarlos en ellos. Y para esto no hay que esperar que cumplan cierta edad o que entren al colegio, mientras antes partamos nos costará menos hacerlo, más consolidados serán estos hábitos y el cerebro de nuestros niños adquirirá mayor organización mental.

Enseñarles una rutina de a poco

Desde los primeros meses hay que darles rutinas diarias para brindarles un orden en la medida en que se pueda y siendo flexibles siempre. Intentar levantarnos a la misma hora, luego darles la mamadera o amamantarlos, mudarlos, quedarse un rato en cama regaloneando, salir a pasear con ellos, hacerlos dormir siesta, etc.

Este patrón de rutina diaria que establecemos (según nuestras posibilidades y las necesidades de nuestro hijo) debemos intentar repetirla todos los días para que nuestro pequeño se vaya acostumbrando a ella y de esta forma vaya previendo lo que viene. Ya un poco más grandes podemos ir variando y agregando exigencias según la edad de cada niño.

Paso a paso creando hábitos

Por ejemplo, que dentro de su rutina antes de irse al Jardín Infantil (a eso de los 3-4 años) esté el que el niño deje ventilando su cama. Esa acción está dentro de sus posibilidades y generará en el mediano plazo, hábitos de limpieza y orden.

Otra rutina importante es la que se puede hacer para que los niños se preparen para hora de dormir. Ordenar sus juguetes, lavarse las manos, ir a comer, cepillarse los dientes, ducharse, acostarse. Repetir esta rutina creará en el niño hábitos de alimentación, de higiene y hábitos de sueño.

Se pueden hacer cuadros impresos entretenidos para los niños con imágenes de las etapas de su rutina para que todos puedan participar, incluso los que aún no saben leer. Éstos se pueden hacer en familia, dibujados o pintados por ellos para que tengan más significado. Una vez listo lo pueden dejar en el refri para que esté a la vista de todos en la casa.

¡Tampoco exageremos! La idea no es convertir a nuestros hijos en robots y hacer del día a día algo monótono y repetitivo. No podemos dejar pauteado el día completo y por supuesto que se pueden hacer excepciones, sobre todo, los fines de semana.
Les advierto que, como todo lo bueno, no es fácil educar los hábitos y rutinas. Requiere de estar bien encima, sobre todo al principio, de mucha perseverancia y paciencia. Pero al final obtendremos excelentes resultados porque cuando la rutina se adquiere bien, se desarrolla de forma casi automática.

Atrevámonos a hacer este cambio y a pautear un poco el día a día. Ayudemos a nuestros niños y niñas a ser más organizados desde pequeños, brindémosle un mundo más seguro y amigable donde puedan desarrollarse libres y felices.

María Paz Gatica Jamett
Psicóloga Infanto Juvenil

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