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Educando la sexualidad desde el primer día

Mamás, atentas a esta guía desde los primeros días de tu hijo, hasta su adolescencia.

Javier Rodriguez / Unsplash

¿Quién de ustedes no quedó asustada con las cifras recién publicadas acerca del VIH en Chile? Y se vuelve peor si nos ponemos a investigar sobre la calidad de la educación sexual o sobre el aumento de otras ETS en nuestro país.

Es un hecho que tenemos un serio problema en esta materia. El Ministerio de Educación lleva años tratando de generar programas educacionales y estrategias que mejoren la calidad de la educación sexual. Pero seguimos sin encontrar la fórmula del éxito.

Qué sabio fue quien dijo “la educación comienza en la casa”. A mi parecer aquí está la clave. Brindarle herramientas a los padres o cuidadores de los niñas y niñas para que sean ellos los principales educadores de sus hijos en materia sexual.

¿Qué es la sexualidad?

La sexualidad es una dimensión fundamental del ser humano. Está relacionada con funciones tan importantes como la afectividad, el placer, la comunicación y la reproducción.

Desde nuestro nacimiento somos personas sexuadas. Por ello es trascendental formar a nuestros hijos como seres sexuados desde pequeños, ya que la forma en que satisfagan y manejen su energía sexual durante la infancia determinará su vida sexual madura.

Reprimir el tema, ocultar la verdad o peor aún, hacer que nuestros hijos sientan que su curiosidad es algo malo. Generará problemas en la formación de su identidad sexual y dejará huellas imborrables en su inconsciente, teniendo repercusiones negativas en su vida sexual adulta.

¿Cuándo y cómo hablar de sexualidad?

Dado que somos seres sexuados desde que nacemos, debemos conversar y educar este tema siempre. No hay una edad apropiada, debe ser tarea de cada día. Y para hacerlo debemos considerar el desarrollo de nuestros hijos, sus características personales, el entorno en el que se desenvuelven y sobretodo su curiosidad, pues esta nos guiará hacia lo que nuestro hijo quiere y necesita saber.

Lo más recomendable es hacer que la sexualidad sea algo natural. Evitemos transformarla en un tema tabú, en algo malo, sucio, feo o en algo de lo que nos avergonzamos al hablar.

La sexualidad en las diferentes etapas

En la primera infancia la sexualidad se corresponde principalmente con sentimientos de placer, cariño, bienestar y seguridad. Por eso hacer a nuestros hijos pequeños sentir cómodos, seguros, acariciarlos, abrazarlos mucho, darles besitos y contenerlos de forma cariñosa cuando estén tristes es la mejor forma de comenzar a educar este tema, ya que las sensaciones corporales son vitales para el buen desarrollo de ésta.

Por otro lado es importante durante este período respetar la relación que nuestros hijos tienen con su cuerpo. Muchas veces los pillaremos mirándose al espejo, metiéndose el dedo en el ombligo para ver hasta dónde llega, tocándose los genitales, poniéndose la ropa de la mamá o del papá, a un niño poniéndose una cartera o a una niña tratando de hacer pipí de pie en el baño.

Nada de esto es raro, no pensemos que este tipo de conductas son señal (necesariamente) de algún abuso sexual, sólo es su sexualidad expresándose.

Y con respecto a las preguntas, ¿cómo lo hacemos?

Cuando nos pregunten algo, primero pensemos en cómo va a entender mejor mi hijo y en su nivel de comprensión y esforcémonos por responder sus preguntas de la forma más sencilla y directa posible (evitando metáforas que confunden y siempre hablando con la verdad).

Cuando nos hacemos los sordos ante preguntas de índole sexual, respondemos con algún chiste para evadir, delegamos la respuesta en otra persona (“eso pregúntaselo a tu papá mejor”) o peor aún, los retamos, el niño comienza a relacionar la sexualidad y su cuerpo con algo negativo, algo de lo cual no se habla, que se hace escondido e incomoda. Y a la larga, deja de preguntar.

Por el otro lado, si les contestamos con naturalidad, con claridad y con la verdad, ayudamos a que nuestros hijos entiendan la sexualidad como algo natural, inherente a todo ser humano. Al aceptarse como ser sexuado, se está aceptando a sí mismo, se empieza a forjar en él (o ella) una identidad positiva, una autoestima alta y seguridad en sí, en que sus preguntas son válidas y en que lo que siente es bueno y aceptado por sus padres, por lo que no tiene porqué esconderlo.

También podemos complementar ayudándolos a desarrollar habilidades para expresar sus necesidades y emociones, incentivándolos a que tomen decisiones solos y enseñándoles a diferenciar las señales de afecto y las señales de violencia y abuso sexual. Todo esto de manera concreta, simple y lúdica.

Después de los 6-7 años las preguntas se volverán más directas (e incómodas para muchos)

A esta edad la identidad sexual generalmente está adquirida así como los roles de género. Lo que quieren saber niños y niñas son más detalles que les permitan integrar la información que tienen y lo que han escuchado. En esta etapa se vuelve más importante aún responderles, escucharlos e ir aclarándoles los distintos temas que nos proponen. Si no lo hacemos nosotros, otro más lo hará, porque la curiosidad está ahí.

Para ayudarse en esta labor, les recomiendo los libros y material escrito por Vinka Jackson, psicóloga y escritora, ya que sirven para trabajar el autocuidado infantil y prevenir el abuso sexual. En su página hay un documento que se puede descargar sobre “Curiosidad, juego y autoexploración: lo común y no común”, que puede ser muy útil cuando vemos conductas que nos llaman la atención y no sabemos bien a qué atribuirlas.

Ya cerca de los 12 años

Cuando nos damos cuenta de que nuestro adorable hijo ya no es “tan adorable” y ha entrado en la adolescencia, es súper importante mantenernos cerca. En esta etapa se tenderán a aislar de la familia, a meterse en sus celulares, consolas y computadores y les costará mucho más preguntar y hablar del tema. Pero es en esta etapa cuando más nos necesitan cerca y cuando más cruciales y directas serán sus preguntas.

Les sugiero ver con sus hijos alguna serie y comentar con ellos partes en que surjan temas sexuales o se pongan sobre la mesa temas del tipo relaciones sexuales precoces, uso de preservativos, embarazos adolescentes, homosexualidad, entre otros. Esto les permitirá hablar con ellos, saber qué piensan del tema y principalmente en qué están respecto de la sexualidad, aportando a su educación sexual de forma indirecta.

ETS

Como último consejo les sugiero hablar con sus hijos adolescentes acerca de las enfermedades de transmisión sexual. La mayoría de los adolescentes sabe que debe cuidarse para prevenir embarazos. Sin embargo, a muchos les “incomoda” el uso del condón. Prefieren que sea la mujer quien use algún método anticonceptivo, olvidándose de la importancia y gran prevalencia de este tipo de enfermedades en los jóvenes de hoy.

Dejemos de creer que no es nuestra responsabilidad educar a nuestros hijos, dejemos de delegar esta labor en otros. Profesores pueden ayudar, claro. Pero quienes debemos hacerlo somos nosotras, y desde el primer día.

María Paz Gatica Jamett
Psicóloga Infanto Juvenil

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