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Hemos cocinado mal el brócoli toda nuestra vida

brocolí

El brócoli es una de las verduras con menos fama entre los pequeños. Al comienzo, su sabor es difícil y por lo mismo cuesta incorporarlo en las comidas de los niños, a pesar de su gran cantidad de beneficios.

Es muy probable que tu cuando cocinas brócoli lo salteas o lo hiervas al menos diez minutos, pero según una investigación elaborada por los científicos de la Universidad de Oregón, existe otra forma de cocinar a la verdura para que aprovechemos al máximo los beneficios.

Antes, la composición del brócoli

Antes que te contemos cómo hay que cocinarlo, te comentamos que esta verdura es un poderoso anticancerígeno gracias al sulforafano, un azufre orgánico natural con propiedades quimioprotectoras que reduce de forma importante la aparición de los genes de ARN no codificantes largos (el conocido como “ADN inútil”) en las células de, por ejemplo, cáncer de próstata, disminuyendo estas colonias casi en un 40% según los estudios.

El sulforafano del brócoli provoca una apoptosis (muerte celular programada, con el objetivo de controlar su crecimiento) en las células de cáncer de próstata, de pecho, de pulmón, de colon y, según las investigaciones, ayuda a reducir también el número de tumores en el hígado.

brócoli

¿Cómo aprovechamos estas cualidades?

Ahora que sabemos algunas de las principales cualidades del brócoli, es necesario que sepamos que de la forma en la que lo cocinamos habitualmente -hirviendo o salteando en sartén- no aprovechamos al máximo los beneficios.

¿Por qué? Para esto necesitamos saber cómo se genera el sulforafano: es el resultado de una interacción entre el glucosinolate (otro componente que se encuentra en la verdura) y mirosanasa (una enzima). Al cocinarlo de la forma tradicional, bajan los niveles de glucosinolate y por tanto, no se genera el sulforafano necesario para conseguir los efectos deseados del brócoli en el organismo.

La solución que ofrecen los especialistas del estudio es poner el brócoli al wok.

El experimento

Pero tampoco es llegar y tirarlo al wok. Los especialistas hicieron un experimento: cocinaron el brócoli de tres distintas formas.

El primero, cociendo el brócoli; el segundo grupo, salteándolo en el wok durante cuatro minutos y con el tercer grupo hicieron lo mismo, pero lo dejaron reposar durante 90 minutos. El objetivo: saber si así aumentaba la interacción entre el glucosinolate y la mirosinasa.

¿Qué pasó? Efectivamente salteando en un wok por cuatro minutos, tenía niveles más altos de sulforafano. Además quedaba con la cantidad de agua precisa.

 

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