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Detén una pataleta con esta simple pregunta

pataleta

Criar debe ser una de las cosas más difíciles de la vida. Uno ama a los hijos, los adora, pero es un trabajo arduo. Una pataleta por ejemplo, uf!

He leído cientos de técnicas para contener una pataleta. Mantenerse cerca, abrazarlos, nunca gritarles (ultra difícil)… pero aunque en puesto en práctica todas, a veces resultan y a veces no.

Hoy eso sí me encontré con otra propuesta leyendo Internet y quiero compartirla con ustedes.

¿Cómo combatir una pataleta?

Una mujer contaba en un sitio web el caso personal con su hija de 5 años y quiso  compartir una “fórmula” que aprendió para lograr cambiar el rumbo de las cosas con tus hijos que insisten en hacer un drama por cualquier cosa.

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Su hija estaba en etapa pre escolar y comenzó un período intenso de berrinches. Pataletas por todo,  hacer drama por cualquier cosa, incluso las más simples.

Por indicación del colegio, fueron a una psicóloga que le dio algunos consejos y uno de ellos le  pareció fantástico, a pesar de ser simple.

La psicóloga le explicó que necesitamos hacer que el niño se sienta respetado, en el sentido de dar valor a lo que él está sintiendo. Y así, a la hora de una crisis, sea por el motivo que sea, un niño a partir de los 5 años necesita ser atendido, es decir,  pensar y encontrar la respuesta sobre lo que le está sucediendo.

Esta valoración que hacemos sobre lo que le está pasando y, al mismo tiempo, el hecho de incluirlo en la solución de la cuestión, desmonta la creación del caso.

La pregunta clave:

De forma más objetiva: cuando empieza una pataleta – sin importar el origen de ésta –  podemos hacerle la siguiente pregunta al niñ@, mirándol@ a los ojos y con bastante calma:

“¿Este es un problema grande, un problema mediano o un problema pequeño?”.

Esos momentos de pensar al respecto de lo que sucede a su alrededor, de tomar conciencia son claves, dice esta madre. La idea es incentivar que exista una respuesta.

  • Un problema pequeño es siempre rápido y tranquilo de resolver.
  • Uno que el niño considere mediano, muy probablemente será resuelto pero no en el mismo instante y él entenderá que hay cosas que necesitan algún esfuerzo para que sucedan.
  • Si un problema fuera grave –y obviamente que grave en la cabeza de un niño no puede ser algo que se desprecie aunque a la gente le parezca tonto– tal vez requiera más conversación y atención para que entienda que hay cosas que no salen exactamente como uno quiere.

Los milagros en la educación de los hijos no existen. Pero nunca esta de más probar métodos que en otras madres han surtido efecto.

La próxima pataleta lo pondré en práctica y les informaré los resultados. Crucen los dedos.

 

La madre que da este consejo se llama Fabiana Santos,  es periodista, casada, madre de Felipe, de 11 años, y de Alice, de 5. Ellos viven en Washington DC. 

Bárbara Pezoa
Soy periodista y Directora de Radio Paula. Me gusta la vida simple, la sencillez en todos los aspectos, por eso persigo productos, rutinas de belleza y hábitos que hagan de mi vida algo fácil y sana.

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