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Cólicos: el terror de las madres

Debo ser sincera, cuando el médico me dijo: “después de dar pecho, lo más importante, preocúpese de sacar los chanchitos; con unos 20 a 30 minutos bastará” yo pensé que exageraba ¿20 a 30 minutos sacando gases? ¿Para qué?

Es que ¡Cómo iba a imaginarme yo, que un gas atravesado podía causar tanto drama para mi guagua y para mí!

Alrededor de tres meses tarda en madurar el estómago de los bebés, tres meses que el sonido de un peo o un flatito es una verdadera bendición para una madre. Ya que gases afuera, bebé contento

Un gas atravesado puede llegar a ser un motivo de angustia para un bebé y su mamá. Ante los cólicos ambos pueden sentirse completamente impotentes, ya que el pequeño no sabe expulsar eso que tanto dolor y molestia le causa. Y la mamá muchas veces no sabe qué le pasa o de saberlo, le tomará un tiempo dar con la técnica eficiente para ayudar a expulsarlo.

Tuve la suerte de que mi niño nació sano, que no tuvo problemas para mamar ni para dormir; pero durante tres meses en el momento menos pensado -y sin falta a eso de las 7 de la tarde- la crisis de cólicos comenzaba. Y, por cursi que suene es sumamente cierto, que ver sufrir de dolor a un hijo, es lo más triste para una mamá.

¿Qué me ayudó?

Para efectos prácticos, durante esta etapa, mi mejor amigo fue Flapex un remedio que me recomendó el pediatra para ayudarlo a expulsar los gases; también de utilidad fue darle pequeños y leves golpecitos en su pancita para movilizar los gases; mover sus piernas hacia arriba y hacia abajo, como si hiciera ranitas; poner un guaterito de semillas suavemente calentado en su panza; apoyarlo verticalmente en mi cuerpo y acariciar su espaldita. Igualmente útil fue ponerlo de guatita y seguir acariciándolo, ya que con el propio esfuerzo que hacía de levantar su cuello, algún gas se le salía.

Igualmente importante fue variar mi dieta y descubrir que podía causarle cólico y que no ¡Es impresionante lo que puede lograr el amor por un hijo! Tantos años queriendo hacer dieta y en un santiamén fui capaz de dejar de comer todpo aquello que nunca logre abandonar en mis proyectos de ponerme en forma. El amor mueve montañas.

Pero sin lugar a dudas lo que más me ayudó fue contar con mis amigas, conversar con otras mamás ayuda a despejar todo tipo de dudas, a descartar temores y saber a qué estar alerta (como por ejemplo a la presencia de sangre en el pañal, índice de una alergia alimentaria). Pero no sólo eso, contar con la sabiduría de otras que “vienen de vuelta” permite darte cuenta, que la mayoría tiene que lidiar con este tipo de cosas, que con el tiempo pasan y que no dejan ningún tipo de daño ni trauma.

Ahora que ha pasado esta etapa de cólicos les puedo decir ¡mi hijo es otro! Y yo estoy más descansada y relajada. Así que a disfrutar de ese niño sonriente, mientras no le salen los dientes. Porque, si los cólicos son del terror, los dientes ¡Ufff!¡No lo quiero ni pensar!

Ya lo saben chiquillas ¡Keep Calm and be a Mom!

Constanza del Rosario
Psicologa dedicada al sexo y el amor. Autora del libro Si la Cama Hablara. Creadora de http://www.fitnessintimo.cl

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