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Caminar tranquilas: contra el acoso callejero

Hola Bellas! Espero que todas estén disfrutando estos primero días de otoño. Ya hace un tiempo venimos escuchando y leyendo, tanto en la prensa como en redes sociales, acerca de la violencia contra la mujer y la igualdad de género, junto con el acoso que muchas mujeres sufren día a día y que se ha normalizado.

A propósito de este acoso callejero, del que todas las mujeres hemos sido objeto alguna vez, se han hecho varias campañas y experimentos sociales tanto para hacerlo patente como para evitarlo. Entre ellas, hace algunos meses, se viralizó una campaña donde 3 mujeres caminaban en México vestidas con sencillos vestidos negros, hace poco otra con una mujer caminando por Manhattan con jeans y zapatillas y también, una semanas atrás, una de una mujer por el centro de Santiago, que enfrentaba a aquellos hombres que se le acercaban a decirle cosas al oído o que se detenían a mirarla o incluso la saludaban sin siquiera conocerla.

Sin ir más lejos, hace unas semanas conocimos el caso de una mujer joven que recibió un comentario de un hombre mayor porque iba tomando helado en el metro y que luego fue increpada por un hombre de edad media por defenderse diciéndole que era ‘histérica’ y que sólo reclamaba porque el que la había acosado no era guapo. De estas historias hay muchas y creo que todas podríamos contar una.

Durante esta semana, frente a la denuncia de una transeúnte, la empresa constructora Echeverría e Izquierdo tomó la decisión de prohibir el acoso en sus obras de construcción,  con lo cual se puede leer en una de sus obras en Argomedo con Portugal, en Santiago centro, un cartel con la frase ‘en esta obra no silbamos a la mujeres y estamos contra el acoso callejero’.

Si bien, creo que a todas nos gusta que nos digan lo bien que nos vemos y recibir palabras halagadoras de vez en cuando, muchas veces esos piropos recibidos en la calle no son del todo cómodos y pasan un poco más allá de decir algo agradable, sino que se van hacia el ámbito sexual y se convierten en acoso, más aún si es que se trata de una mujer que va sola y los piropos los recibe de un grupo de hombres, o esas palabras van acompañadas de gestos o acciones que nos hacen sentir mal.

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Insisto en que siempre es agradable recibir una palabra linda, pero cuando esto no es lindo sino que está sexualizado, por alguien que no nos conoce y nos hace sentir incómodas o con miedo, ya no tiene nada de correcto.

Y ustedes, ¿qué piensan? ¿Les parece correcta o exagerada la medida de esta empresa? A mí no me parece mal, pero creo que no debiera existir una norma para no acosar, sino que simplemente tendría que ser algo natural, aunque todas sabemos que es muy difícil que pase.

Les dejo abrazos, y espero sus comentarios.

Aurora.

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