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¿El chupete o mi salud mental?

Previo al nacimiento de Carlitos, asistí a distintos cursos de cuidados del bebé y en más de alguno de ellos se recomendaba no darle chupete a una guagua antes del mes e inclusive algunos sugerían no hacerlo hasta el tercer mes; las razones: el posible impacto del chupete sobre la lactancia materna y la futura dentición del infante.

Al escuchar a los especialistas que impartían estas cátedras recuerdo haber pensado “¡Pero que locura! ¿Cómo lidia una madre con una guagua recién nacida sin el apoyo de un chupete? Sin ese bendito instrumento que los gringos llaman “pacifier” por su archi probada capacidad para calmar a los infantes. ¡Vaya dilema el que me crearon! El chupete ¿aliado o enemigo de la crianza?

Estaba en esa disyuntiva, a la que probablemente muchas se ven confrontadas, cuando el destino me llevo a asistir a un cumpleaños en el que una de las invitadas era odontóloga infantil y más importante aún, madre de tres hijos. Así que, aprovechándome de las circunstancias, le pregunté ¿tú qué opinas del uso del chupete en recién nacidos?¿lo recomiendas o no? Ella sin titubear me contestó: “¡Úsalo! ¡Y sin culpas! Será tu gran aliado”

Tras el nacimiento, los primeros 2 días de vida no lo necesité, el tercero colapsé ¡Carlitos no dejaba de llorar a menos que tuviera mi pezón en su boca! Y pese a estar muy agradecida de su gran habilidad de succión y causarme bastante gracia su “pequeña afinidad a la tetita”, no podía dejar de imaginar cómo sería el tener que ser su chupete humano (durante lo que restaba del mes) para poder calmar esos llantos que no eran por hambre.

Me visualice a mí misma esclavizada y agotada. Y tuve que elegir entre usar un chupete o arriesgar mi salud mental. Por amor a mí misma y a mi bebé, decidí no intentar ser superwoman y sin titubear, elegí el chupete a arriesgarme a una depresión postparto.

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Les cuento esta historia, porque quizás, para muchas mamás que nos leen, no le es fácil tomar este tipo de decisiones, ya que probablemente sienten que al priorizarse a ellas y no sacrificarse por su guagua estarían cometiendo un acto de egoísmo en vez de uno de auto cuidado. Y es esa perspectiva la que les invito a reconsiderar, y abrirse a la idea de que al cuidarnos a nosotras mismas, cuidamos de nuestro bebé. Y esto lo digo, basándome en extensa evidencia científica que demuestra que es más contraproducente para la lactancia y la salud psíquica de un recién nacido el tener a una madre irritable, estresada, ansiosa o deprimida que contar con una que se apoya en el uso de un chupete, para poder ser una madre cuerda y contenedora.

Quizás en el futuro tenga que pagar por un tratamiento odontológico y sin culpas lo acepto, ya que la experiencia personal y clínica me ha demostrado que es más fácil y menos costoso reparar una dentadura que una mente dañada.

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