MaternidadMujerPSB

Cómo ayudar a que tu hijo viva la calma del momento presente

Los viajes en el auto, las colas en el supermercado y las comidas en la mesa, pueden ser grandes momentos para practicar mindfulness con nuestros hijos y transformar lo que podría ser un momento de stress en un espacio para enriquecer nuestras relaciones y elevar la energía de la familia ejercitando la atención plena.


Mucho se habla de lo maravillosas que son las técnicas de yoga y mindfullness para niños, y hoy más que nunca podemos acceder a una amplia oferta de cursos y talleres dirigidos a los más pequeños. La promesa es acercarlos a una vida más consciente y ayudarlos a incrementar su energía natural y capacidad de concentración, entre muchos otros excelentes beneficios que ya han sido archicomprobados científicamente. ¿Pero cómo podemos practicar estas técnicas en la casa?

A diferencia de otras competencias como canto, fútbol o danza, nuestros niños no necesitande ningún talento especial para aprender yoga o meditación. Tampoco requieren de grandes equipamientos o implementación…simplemente se trata de poder llevar a sus mentes a un estado de calma y paz -una y otra vez-, a través de la atención a lo que sucede con su cuerpo, emociones y relaciones en este momento. Los talleres ayudan y les entregan valiosas herramientas para su desarrollo social, pero el entorno más significativo de los niños sigue siendo la familia, por lo tanto si los padres nos sumamos a este aprendizaje, los beneficios serán mucho más potentes y transformadores para todos.

Encontrando momentos de conexión en cualquier parte…
Los viajes en auto o en micro, las colas en el supermercado y las comidas en la mesa, pueden ser grandes momentos para practicar mindfulness con nuestros hijos y transformar lo que podría ser un momento de stress en una instancia para enriquecer nuestras relaciones y elevar la energía de nuestra familia ejercitando la atención plena. Sin duda esta es la práctica que tiene más valor, porque muchos papás ya tenemos nuestro espacio personal de relajo, ejercicio a o terapia del cual salimos “felices y conectados”, pero volver a la realidad y lograr este estado de calma con los que más queremos se torna un GRAN desafío.
Pero lo importante es no desanimar, porque mindfulness con nuestros hijos tampoco requiere de tiempo extra o preparación. Solo tenemos que buscar los momentos en nuestra rutina donde nos haga sentido integrarlos. A la hora de comer en familia, por ejemplo, puedes respirar profundo y plantear conversar con tus hijos sobre las personas, los lugares, objetos y procesos que tuvieron que alinearse o coordinarse para hacer posible que esta comida llegara hoy a la mesa. O también pueden crear un espacio para ser apreciativos y decirse unos a otros lo que más les gusta de cada uno, o para enviar buenos deseos a la familia y a los amigos que no están comiendo con ustedes.

Otro momento poderoso para practicar mindfulness con los niños sucede cuando estás cuidando de ellos físicamente. Por ejemplo, ¿qué pasa cuando les estás cepillando los dientes o el pelo con atención y apreciación? ¿Responde tu niño de la misma forma cuando lo haces rápido y pasas casi volando por la experiencia? O cuando estás bañando a tu hijo, ¿cambia tu perspectiva o se suaviza tu corazón si te das cuenta de lo íntimo y precioso que es este momento juntos y aprovechas la oportunidad para estar presente completamente con tu hijo?
Cuando practicamos mindfulness con nuestros hijos estamos meditando profundamente, educándolos “sin querer queriendo” y de una forma mucho más significativa que al decirles: “¡Escuchame!” o “¡Ponme atención!”. Enfocándonos en el momento presente y estando atentos a lo que sucede a nuestro alrededor, naturalmente inducimos o elevamos las mentes que tenemos cerca a un estado similar: más apreciativo, atento y tranquilo.
La invitación es a darnos la oportunidad de ver y sentir este estado en la expresión, en los ojos de nuestros hijos cuando reciben una acción atenta e involucrada de nuestra parte. Por supuesto que esto es un proceso gradual y de a poco podemos ir integrando esta forma de relacionarnos a nuestras familias y a todas nuestras relaciones, observando cómo nos sentimos en el proceso y disfrutando de estos momentos de alegría distintos, más conectados con la paz que perdura que con la efervescencia.

Camila Olivares / camiladelsol@gmail.com

Profesora de yoga

Comparte tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

X
X