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30 años de la muerte de Simone de Beauvior

La escritora, filósofa y ensayista francesa Simone de Beauvoir falleció a los 78 años un día como hoy, hace ya 30 años.

Porque la siguieron miles entonces, y sus hijas, y las hijas de sus hijas, Simone de Beauvior es la gran madre feminista que sigue alimentando la cruzada del sexo débil, el segundo sexo. De pensamiento precoz y aventajado, la dama de hierro de Jean Paul Sartre decía que no se nace mujer, sino que se deviene. Nació el 9 de enero de 1908 en Paris, en una familia burguesa que le marcó su rol de mujer. El trabajo como abogado de su padre le daba a su familia un cómodo pasar, hasta que mal invirtió gran parte de su capital y quedaron en la ruina total. Tuvieron que abandonar Montparnasse y trasladarse a un departamento minúsculo, sin ascensor ni agua potable. El padre de Simone de Beauvoir, un tipo conservador en todo aspecto, terminó metido en los bares de Paris y su madre siguió apegada a su fe tratando de mantener la compostura. Simone y su hermana se educaron de todos modos determinadas por los convencionalismos sociales y la moral cristiana. Pero el apetito intelectual de Simone la hacía trepar por los estantes para hojear libros que le abrieron el apetito intelectual cuando su cerebro todavía no terminaba de formarse. Se convirtió en una alumna brillante, suspicaz y excepcional, que le traía problemas a los profesores y los sorprendía a la vez. Antes de entrar a estudiar filosofía a La Sorbone, Simone de Beauvior perdió la fe que le habían dicho que tenía: en sus memorias relata que en el ocaso de la religión se estremeció al darse cuenta de que, dejar de creer en Dios implicaba asumirse plenamente responsable de las propias elecciones. En la universidad conocería a Jean Paul Sartre.

Les dejamos algunas frases memorables de Beauvior:

Encanto es lo que tienen algunos hasta que empiezan a creérselo.

La naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida.

Las personas felices no tienen historia.

Las arrugas de la piel son ese algo indescriptible que procede del alma.

La incultura es una situación que encierra al hombre tan herméticamente como una cárcel.

No hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida.

La familia es un nido de perversiones.

El esclavo que obedece escoge obedecer.

No se nace mujer: llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana.

En sí, la homosexualidad está tan limitada como la heterosexualidad: lo ideal sería ser capaz de amar a una mujer o a un hombre, a cualquier ser humano, sin sentir miedo, inhibición u obligación.

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