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Un monstruo inventado

Hola de nuevo queridas lectoras. Estuve mega desaparecida y todo gracias a un increíble viaje laboral que realicé y que me dejó marcando ocupado por varias semanas, poniendo en orden las ideas, replanteándome metas, agradeciendo los pasos dados, valorando a las personas que me han apoyado siempre y un extenso etcétera.

Pero aquí estoy de nuevo, para contarles no mi experiencia viajera ya que seguro que ustedes tendrán mil historias más entretenidas que la mía, pero sí quiero contarles que a raíz de este viaje me encontré de cara con una sensación maldita. Una vez más uno de esos sentimientos de mierda que me parecen muy “de mujer” y que no sé muy bien si es natural sentirse así o si es alguna de esas cosas que a uno le implantan en la mente: la culpabilidad.

La culpabilidad de haber disfrutado el viaje, porque para ser sincera amigas mías, no me acordé que tenía hijo, no me acordé de marido, de casa, de perro, de un lugar llamado Chile. Nada. Lo pasé increíble, lo disfruté muchísimo, conocí personas geniales y de repente, ¡zas! Una lucecita roja se me prendía en los sesos y me decía: “¡pero qué mala mamá!” y a la vez pensaba que mi hijo, que seguro me extrañaba mucho porque nunca habíamos pasado tiempo separados, estaba súper bien cuidado en la casa de sus abuelos. Que lo tratarían como rey, que lo regalonearían demasiado (demasiado), que estaría seguro, confortable, amado… ¿pero acaso no pensar en todo lo bien que yo sabía que él estaba es la reacción “parche” a la culpabilidad? ¡Es como sazonar más ese sentimiento! Y el tema no es la maternidad y todos sus extraños matices, sino ese monstruillo llamado “culpabilidad” y cómo al parecer está tan latente en las mujeres. Al comer, al gastar plata, al sacarse partido, al disfrutar, al desarrollarse. Y si lo pienso más en profundidad, en verdad nadie me ha dicho nada. O sea, me han dicho que me veo diferente después del viaje (¡demasiado feliz!) pero nadie me ha hecho ningún comentario que alimente la culpabilidad. Que tontera, ¿no? ¿Les pasa a ustedes que se sientan culpables de algo que a la vez saben que no debiera hacerlas sentir así? Porque eso es más raro todavía: sentirse culpable y darte cuenta que en verdad no debes sentirte así. ¿Será que tenemos un chip cerebral? ¿Será la crianza, la publicidad, la sociedad, la religión, las madres, los padres, los abuelos? ¿Serán puros rollos míos? ¿Ustedes se sienten culpables a veces de algo que a la vez saben que no es para sentirse así?

¡Espero sus comentarios!

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Paula B.

5 comentarios

  1. la bendita culpa… yo la tengo desde que estaba embarazada, por sentir que necesitaba trabajar para vivir, pensar en el termino del postnatal cuando aun no habia nacido mi gorda me ponia mal…
    y asi ha ido avanzando el cuento, siempre siento que tengo cosas pendientes con ella, sobre todo ahora que debo “compartirla” con su papá, con quien no somos pareja, entonces los fines de semana por medio me quedo con posibles panoramas entretes y asi, la culpa por haber terminado la relacion, por no haber escogido bien antes de embarazarme quizas… no se, culpa al fin.
    El año pasado viaje tambien, sola, y fue primera vez sin ella por tantos dias, y aunque lo pase excelente, la culpa otra vez, nuevamente, ella es maravillosa y se que estuvo bien todos esos dias, y considere esto como parte de nuestro proceso.
    Ahora, como soy soltera otra vez, mi familia y amigos se encargan de plantar el bichito de la culpa, cuando tengo una salida (aunque sea finde sin ella) me preguntan con quien se quedara mi hija, con un tono preocupado… mi mamá, cuando se ha quedado con ella por algun cumple importante, por ejemplo, tambien me deja bien en claro lo de la culpa, pero sabes? he aprendido a darme cuenta que si, podria pasar mucho mas tiempo con ella si no trabajara, si mis amigos no estuvieran de cumpleaño y celebraran de noche, si no se fuera con su papá fin de semana por medio, pero no es mi realidad, y lo que si hago es aprovechar cada minimo segundo con ella, el tiempo para ella es relativo… y prefiero que tenga un entretenido recuerdo de cada día que mi presencia ausente los 365 dias del año…

    abrazos y achú para la culpa

  2. Vancuer… leo tantos puntos en común en nuestras culpas, pero como tu dices, achú no más. Igual considero que es mil veces mas importante el tiempode calidad que la cantidad. Lamento que en tu caso tu familia y amigos te hagan sentir así, a veces el resto del mundo dice cosas y no cacha el verdadero sentido de lo que están diciendo… pero bueno, yo creo que lo más extraño con respecto a la culpabilidad es que muchas veces una misma es su jueza más fiera. Como eso de que algunas niñas se sientan culpables por comer (¡por comer!) o recuerdo haber escuchado a alguien que se sentia culpable por haberse comprado un chaleco o algo así, nada taaaan derrochador. Esas culpabilidades son horribles también.

    Saludillos y buen fin de semana sin culpas!!!

  3. Que buen tema! Yo no soy mamá, pero sí muy culposa. Siento que debo estar siempre disponible para todos mis seres queridos y me cuesta a veces disfrutar y no sentirme mal por lo que deberia estar haciendo o porque otros no tienen la misma posibilidad. Al menos en mi vida, la culpa es un tema (que por suerte estoy trabajando) y que creo que se relaciona con sentirme responsable por el resto y con mi autoexigencia. Saludos

  4. ¡Hola Carolina! Que lástima que también estés en las redes de la culpa, ¡pero bakán que estés trabajando en ello! Y tienes razón, de repente uno se autoexige muchísimo y quizá no debería ser así. Igual es interesante saber de donde viene toda esa autoexigencia que deriva en culpa y todo eso. Lo digo porque por ejemplo, una amiga me decía que haber estado en colegio de monjas la había marcado para siempre en temas de culpabilidad. Yo no tengo onda con la religión, pero igual ahí está el monstruillo de la culpa…
    Muchos saludos, y espero tengas un buen fin de semana.

  5. Mi marido murió de cáncer al estomago a los 34 años, yo tenía 30, y hace unos años caí en una depresión terrible, tenía junto todos los sentimientos que no había demostrado en toda mi vida, y uno de ellos era la culpa por la muerte de él, la estúpida idea que si lo hubiera cuidado mejor no se hubiera enfermado, o que podría haber hecho algo más para tratar de salvarlo. Obviamente estuve en tratamiento psicológico y mi adorada psicóloga me hizo ver que uno no puede tener la culpa de algo que uno no puede controlar, finalmente me sentía culpable hasta del calentamiento global.
    Ahora todo superado y disfrutando de la vida, sigo siendo controladora pero solo con lo que realmente esta bajo mi control, el resto lo dejo fluir.
    El año pasado me tome las vacaciones de mi vida, fui a USA (sueño de adolescente) con una amiga a fangirlear de lo lindo, mi hija se quedó con mi mamá acá en Chile y no sentí ni una poquito de culpa 😀

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