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MaternidadPsicología

Cuando la comida se vuelve un tema

Y no hablamos de nosotras, sino que de nuestras hijas e hijos.

Cada día son más las consultas de niños y adolescentes por Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del tipo anorexia y bulimia. Es triste ver cómo, sobre todo niñas y jóvenes (sólo 1 de cada 10 personas con un TCA es hombre) están obsesionadas con la delgadez y se vuelven tan superficiales que dejan de lado el resto de sus cualidades, basando su autoestima únicamente en su apariencia física.

Cómo pueden cambiar las personas por un Trastorno de la Conducta Alimentaria

Es triste ser testigos de cómo dejan de verse, se alejan de la realidad, de sus familias y amigos, dejándose llevar por los nuevos y nefastos cánones de belleza que la televisión, las pasarelas y las marcas de moda imponen. Haciéndonos ver como si tener el cuerpo de Kaia Gerber fuera tan normal.

En Chile, por lo menos, no lo es. Acá somos de un tipo más maceteado, bajitas, tenemos pocaza cintura y del “michelín” clásico no se salva casi ninguna. Pero somos regias igual y tenemos muchas otras virtudes y cosas buenas.

Que los medios nos hagan creer que ser así de flacas es sano, que estas mujeres famosas que muchos siguen en Instagram tienen una vida “normal” o “comen como chanchas” nos hace mal, sobre todo a las niñas y adolescentes que confían en todo lo que ven y se les dice y necesitan referentes por estar en pleno proceso de formación de su identidad.

El efecto de la tecnología

El acceso ilimitado a los medios y redes sociales que las nuevas generaciones tienen es un verdadero caldo de cultivo para los trastornos alimentarios.

Según estudios, en nuestro país habrían más de 500.000 jóvenes entre 14 y 30 años que padecen anorexia o bulimia. Un 20% de ellos muere. Frente a esta alarmante realidad, que cada vez me toca vivirla más en la consulta, es que decidí hacer esta guía práctica para tener ojo y evitar que este enemigo entre en nuestra familia.

Toy fashion doll next to meal of a radish on plate

Prevenir un TCA

Como muchos trastornos, existen factores de riesgo que podrían aumentar las probabilidades que alguno de nuestros hijos o hijas sufra de algún tipo de Trastorno Alimenticio. Entre ellos se encuentran:

  • Que nuestro hijo sea introvertido, inseguro, impulsivo, ansioso, obsesivo, perfeccionista y controlador, que necesite constante aprobación del resto o que sea dependiente afectivamente.
  • Que sea muy tecnológico, que pase muchas horas frente al computador o celular, que esté a la vanguardia y conozca mucho de las últimas modas o de la publicidad. En fin, que viva en un medio donde se valora la imagen y se critica cuando el cuerpo no es perfecto y/o no encaja en los patrones de belleza de moda.
  • Que esté en la adolescencia, que sea robusto/a o muy desarrollado para su edad (en el caso de las mujeres, tener mucha pechuga o caderas anchas).
  • Que seamos padres y madres demasiado exigentes, intransigentes, perfeccionistas, controladores, sobreprotectores o ansiosos.
  • Que la situación familiar sea inestable.
  • Que algún integrante de la familia tenga o haya tenido cualquier tipo de TCA o que seamos una familia del tipo “anoréxica”, es decir que en nuestra casa se hable en exceso de las calorías, dietas, se coma poco o haga mucho ejercicio porque hay una preocupación excesiva por lo superficial y estético y un miedo generalizado a engordar.

Señales de un TCA

Ya sabemos lo que no tenemos hacer como padres y madres y el ambiente que debemos evitar en casa para que, ojalá, nunca nadie de nuestra familia padezca esta enfermedad. Si esta nota llegó muy tarde o no pudimos evitarlo, ¿cómo podemos darnos cuenta si nuestros hijos o hijas tienen trastorno de la conducta alimentaria?

Aquí hay algunas señales que expresan nuestros hijos a las que tenemos que estar alertas, y en el caso de sospechar, pedir ayuda inmediata a un profesional.

  • Miedo intenso a subir de peso.
  • Rechazo a estar gordo o hacia la gente gorda.
  • Distorsión de su imagen corporal. Quienes padecen de un TCA de tipo anorexia o bulimia tienden a encontrarse gordos. A decir que “comieron como cerdos”, etc.
  • Mirarse excesivamente al espejo y se pesarse más de una vez al día.
  • Miedo a comer en público y tienden a evitar comer con otras personas, siempre que comen, lo hacen en secreto.
  • Preocupación excesiva por la comida.
  • Tendencia a comer porciones muy pequeñas, a separar la comida del plato, dejar comida, esconder comida o evitar comer directamente.
  • Tendencia a desaparecer después de comer, frecuentemente se encierran en el baño.
  • Cuando los vemos haciendo muchas dietas o adoptan hábitos alimentarios nuevos. Se vuelven veganos, dicen ser celíacos porque según ellos el pan los hincha, dejan el azúcar u otro. Todo esto lo hacen, en el fondo, con el fin de tener una justificación para comer menos.
  • No parecen darse cuenta de sus bajas de peso, por muy notorias que estas sean. Hay una distorsión de la percepción del propio cuerpo.
  • Se aíslan socialmente y dejan de asistir a actividades sociales porque en estas siempre hay comida que los puede “tentar”.
  • Esconden la pérdida de peso usando ropa ancha. Muchas veces se abrigan muchísimo durante el verano para esconderse.
  • Se ponen muy irritables, tienen cambios bruscos de humor, inquietud y tristeza.
  • Hacen ejercicio excesivo.
  • Tienen cortes y callos encima de los nudillos de los dedos debido al vómito auto-inducido.
  • Presentan problemas dentales, como la erosión del esmalte dental, dientes más amarillos y sensibles.
  • Tienen las uñas secas y quebradizas y muchas veces les sale un vello fino en el cuerpo.
  • Beben agua en exceso.

Como padres y madres tenemos una responsabilidad…

Dado lo importante que es empezar a tratar este trastorno a tiempo para aumentar la probabilidad de éxito y mejoría, debemos poner mucho ojo a las señales recién mencionadas.

Muchas veces los adultos no queremos ver lo que está pasando, nos duele y cuesta aceptar que en nuestra familia hay un problema por lo que decidimos bloquearnos ante estas señales.

No nos ceguemos ante esta realidad que es cada día más común. Recordemos lo importante que es detectar estas señales a tiempo para evitar tener que consultar cuando la enfermedad está avanzada, bien establecida y cuando recuperarse sea menos probable.

María Paz Gatica Jamett
Psicóloga Infanto Juvenil
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