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Especial Día de la MadreMaternidadMujer

El lado B de una #MamáPSB: No quiero ser mamá. Y qué tanto

Instagram Rocío Novoa
Bellas, esta es otra de una serie de historias de mamás y no mamás. ¿Por qué? En PSB hemos decidido ver la maternidad desde distintos puntos de vista, pero con algo en común: Mujeres como todas. Cada una de ellas abordó el tema como le acomodaba, y quiso compartirlo con nosotras.

Esta es la historia de Rocío Novoa.

Se espantan, se lamentan o se compadecen cuando lo digo: voy llegando a los 30, tuve una relación de casi una década, tengo una familia bacán con papá, mamá y hermanos, y no tengo ni las ganas ni la intención de tener hijos. No es mi meta, no quiero e, incluso, con mi actual pareja invertimos para anular cualquier eventual posibilidad.

Pero que quede claro: soy fanática de las mamás. La mía es la mejor, por cierto. Pero hay que ser valiente, arrojada, atrevida y paciente para serlo y yo claramente no cumplo con todo. Y si tuviera algo de eso, principalmente lo volcaría a seguir consolidando una suerte de supervivencia.

Porque no es fácil ser mujer acá en Chile. Y ser madre, menos

El sistema de salud, el laboral e incluso los pilares sociales y afectivos fallan y se la hacen difícil a las que, además de cuidar de sus hijos, quieren destacarse en sus trabajos o profesiones. Hay una comprensión asistencialista, donde se les hace saber a las mujeres que las facilidades son “un favor”, transformando la maternidad en un sacrificio, por muchas satisfacciones que conlleve.

Es que criar a las próximas generaciones requiere de una responsabilidad que está subvaloradísima. Nosotros mismos somos víctimas de eso, con padres que convirtieron la oficina en su casa, produciendo como locos para lograr “tener lo que ellos no tuvieron” y transmitiendo una presión brutal para estar a la altura de todo ese esfuerzo.

Ser madre es una experiencia que duele

Duele por los cambios, los sacrificios y las injusticias. Pero también en lo físico. Albergar vida adentro duele más que cualquier experiencia corporal, mientras yo apenas puedo soportar apretarme el dedo en una puerta. Y así no se puede.

En mi caso, además, fui criada por una supermamá e incluso me tocó oficiar de algo así con mis hermanos más chicos, combinando mi vida de colegio con mamaderas, entretenimiento y tareas de jardín. Algo he visto, lo hice apenas cuando me tocó y no me imagino mezclando las exigencias de los niños de hoy con una vida que apenas sostengo en solitario acompañada de mi pareja.

Y ojo también ahí. Porque ni a mi pololo, ni a ninguna de mis parejas anteriores, le escondí la pelota ni le fui con cuentos. Desde el principio le comenté esto porque, primero, las guaguas no son una decisión unilateral; porque mi postura puede ser decisiva a la hora de querer estar juntos y tener un proyecto de vida; y porque, tal como mi fanatismo por la música, mi incapacidad de levantarme temprano o mi sensibilidad, esto configura la mujer que soy.

Porque el que no quiera tener hijos no me hace menos mujer

De seguro encontraré otras formas de hacer familia y volcar resabios de ese “instinto” del que tanto hablan cuando se trata de los retoños de mis hermanos, de mis amigos o de tantos niños que necesitan amor.

Así que a enfrentar los chistes, las críticas y los reproches con actitud. Nadie nace para ser madre, no es un deber, y si tu contexto te lo hizo creer así, sacúdete de eso leyendo un poco y viviendo más. Ser mamá es bacán, pero no es lo único que podemos ser.

1 comentario

  1. Yo a mis 30 años pensaba exactamente lo mismo.
    Estaba por casarme y hablé muy seriamente con mi actual marido: “yo no quiero tener hijos, no creo que se me vaya a pasar, necesito que lo tengas claro”.
    Hoy a los 35 y luego de un tratamiento de fertilidad tengo un hijo de 2 años y ya empecé el camino para tener otro.

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