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Especial Día de la MadreMaternidadMujer

Una #MamáPSB: Todos los clichés del mundo tienen sentido

Bellas, esta es otra de una serie de historias de mamás y no mamás. ¿Por qué? En PSB hemos decidido ver la maternidad desde distintos puntos de vista, pero con algo en común: Mujeres como todas. Cada una de ellas abordó el tema como le acomodaba, y quiso compartirlo con nosotras.

Esta es la historia de Viviana Meneses.

Yo siempre quise ser mamá. Cuando alguien me preguntaba por lo que yo quería ser o hacer en la vida, mi respuesta era “yo quiero ser mamá”.

En el 2015 con el Pancho llevábamos unos nueve años juntos. Pololos desde el colegio. Había cumplido hace poco 26 años y a pesar de lo dicho en un comienzo, no tenía planes próximos a ser mamá. A futuro, claro. Pero en lo inmediato, me veía volviendo a estudiar, viajando y pololeando.

Veníamos llegando de un viaje soñado por USA. Cinco semanas de recorrer y conocer, sin escatimar en gastos. Y es que habíamos ahorrado años para esa aventura. Cuando volvimos nos cambiamos de departamento; a uno más grande, más cómodo. Claro, más grande nivel Santiago Centro. Estábamos felices. Habíamos adoptado un gato, Benito, nuestro primer hijo.

Las cosas no podían ir mejor

Hasta que me tomé mal las pastillas (mi culpa), me hice un test de embarazo y salió positivo. No lo podía creer. Cómo había quedado embarazada, cómo tan tonta. Para el pancho fue fuerte, pero pareció superarlo en unos días. Se hizo la idea que íbamos a ser papás y siguió con su vida. Para mí fue un golpe tremendo. Me costó asumirlo, no lograba entender que me iba a ser mamá.

Creo que fui muy racional durante el embarazo, no tuve grandes molestias, ni antojos, ni temores. Sabía que todo iba a salir bien y que por sobretodo me tenía que cuidar por el ser con el que ahora compartía el arriendo de mi cuerpo.

La única pena que pasé, fue al momento de saber que iba a ser niñito. ¡Yo quería una niñita! No me daba miedo decirlo y tampoco daba la típica respuesta de “me da igual, sólo quiero que sea sanito”. Yo me imaginaba con una muñeca, peinándola, eligiendo su ropita.

Los meses pasaron y la guata no crecía demasiado

Ni tenía mucha hambre y tampoco me sentía tan cansada. Teníamos todo calculado, bien planificado. Quería tenerlo lo más natural posible, ojalá sin anestesia y pujando como una leona, esperando que salga su cachorro. Obvio que nada de eso pasó. No se dio vuelta y en podálica ya no se hacen partos en Chile.

Faltaba una semana para las 38, pero quiso salir y ahí nos vimos en urgencia, dilatada en ocho con sus pies empujando para poder llegar al mundo. Y es que estuve como 18 horas con contracciones, pero como soy buena para aguantar el dolor, pensé que era normal. El día anterior había tenido el monitoreo con la matrona y me había dicho que tenía para dos semanas más. Yo le creí, porque soy obediente y porque al ser primeriza uno cree en lo que te dicen.

Ahí llegó Mariano

Un niñito sano, muy tranquilo. Creo que lo escuché llorar unas dos veces hasta que cumplió tres meses. Cuando miro hacia atrás y rememoro ese momento lo primero que pienso es que no lo amaba. Mi hermana siempre me dice que no cuente eso, pero es que realmente siento que no lo amaba.

Por supuesto no quería que nada le pasara, me desvelé -y desvelo todavía- por él. Sufrí con cada mañita que tenía, me esforcé como nunca lo había hecho con ninguna otra tarea en mi vida, pero no lo conocía. Una cosa es el instinto y otra es el amor que hemos forjado con cada hora que hemos estado juntos.

Ahora tiene dos años y es mi vida

No concibo nada sin él. No me dan ganas de hacer cosas sin él. No quiero ir a trabajar, ni salir, ni pasarlo bien sin él. No soy como las mamás modernas profesionales. Trabajo porque lo necesito, pero si pudiera pasaría todas las horas del día junto a él. Me da terror que se me pase la vida y no haberlo aprovechado. Si bien, no soy la mamá más sacrificada del mundo, porque tengo una red de apoyo gigante que me permite trabajar mientras cuidan de él, me desvivo por él.

He hecho muchas cosas que antes no hubiese hecho. No he cambiado en lo que soy, pero he dejado de lado lo que antes me importaba. Y lo más grave, para algunas, es que no me molesta. Porque ahora entiendo cuando los papás dicen que no hay nada más importante que un hijo y todos los clichés del mundo tienen sentido, como el no pedirle nada más a la vida que salud para estar con él y verlo crecer, o el que no importa nada más si lo tengo a él a mi lado.

Sobre lo concreto de la maternidad, lo más difícil ha sido poner límites

El Marianito es una máquina para comer. Y yo tengo una obsesión por darle sólo alimentos saludables. Nunca le di un colado. Tratábamos de no salir en los horarios de sus comidas o si lo hacíamos, le llevábamos (y seguimos llevando) un termo con su almuerzo.

Sus llantos casi siempre son porque quiere comer, o quiere comer más o quiere comer otra cosa. Pero en eso no transo. Para mí su alimentación es lo segundo más importante, después de que se desarrolle en un entorno de profundo amor y que se sienta contenido.

Los miedos que no tuve en el embarazo, en estos dos años se han multiplicado por mil

Ahora siento temor de todo. Me imagino los escenarios más catastróficos cuando no estoy con él y cuando no dormimos juntos y no puedo sentir su respiración. Cuando no era mamá leí a una bloggera que escribió esta frase, no recuerdo de cuál autor: “ser madre es aceptar por siempre que tu corazón ande vagando fuera de tu cuerpo”. La encontré muy linda, pero no tenía ningún sentido para mí en ese entonces. Ahora, es lo que siento en cada momento.

Podría escribir un libro completo relatando los episodios en lo que he sentido miedo desde que el Marianito dio su primer respiro. Pero el más grande es pensar que algún día no esté más conmigo, porque yo no podría estar un segundo sin él.

Si algún día yo ya no estuviese más aquí, me gustaría que el supiera que yo lo amé y lo voy a amar sin importar lo que haga y lo que elija. Que siempre lo voy a apoyar en todo. Que desde que supe que existía cambió mi vida y que quiero aprovecharla para hacerlo feliz.

Marianito, espero poder hacerlo todo para que seas un hombre justo, para que no te calles cuando todos lo hagan, para que entiendes que ganar no es principio hasta el final y que no tengas miedo de cambiar ni de equivocarte.

 

Puedes leer las otras experiencias del especial #MamáPSB en este link. Todas tenemos una relación con la maternidad, tengamos hijos por primera vez, con desafíos impensados, o quizás incluso sin hijos.

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