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Especial Día de la MadreMujer

#UnaMamáPSB: Amor por siete

Trinidad Costa
Bellas, esta es otra de una serie de historias de mamás y no mamás. ¿Por qué? En PSB hemos decidido ver la maternidad desde distintos puntos de vista, pero con algo en común: Mujeres como todas. Cada una de ellas abordó el tema como le acomodaba, y quiso compartirlo con nosotras.

Esta es la historia de Trinidad Costa.

Tengo 38 años y siete niños. Siempre quise tener hartos hijos, vengo de una familia numerosa, con unos papás muy generosos. Me casé con Christian a los 21, enamorada e ilusionada.

Al año siguiente tuve mi primera guagua

Y fue una experiencia preciosa. Mis tres hijos mayores nacieron cuando estaba en la universidad. Me demoré más en sacar mi carrera; tuve que madurar más rápido que mis amigas, pero para mí valió la pena. Empecé a trabajar recién a los 30 años, siempre buscando pegas que me dejaran tiempo para estar con mis niños.

La maternidad se puede vivir como una carga o como un don

Personalmente creo que cada hijo es un regalo, y entonces soy muy afortunada de tener tantos. Mis niños, tres mujeres y cuatro hombres, son muy distintos entre sí, de personalidad y físicamente. A veces pienso que sería más fácil si fueran más parecidos y lo que uno aplica con uno, sirviera para todos, pero también sería muy fome. Cada uno es uno es un mundo por descubrir.

Es cierto que muchas veces hacer de mamá, profesora particular, enfermera, chofer y cocinera es agotador. Aún así, estoy feliz con mi matrimonio, con mi familia. Mi día a día es intenso, caótico pero entretenido. Está lleno de vida, risas y de mucho amor. Porque aunque se crea que uno como madre debe sacrificar mucho, mi experiencia me comprueba que es montones más lo que uno recibe: el amor en una familia numerosa no se divide, se multiplica.

No soy valiente

Hay noches en que me desvelo pensando si lo estamos haciendo bien. Pero soy Católica, y creo en Dios, por lo que puedo descansar en que ÉL, como un Padre, cuida de mis hijos. Yo puedo hacer todo lo que esté en mis manos para que sean felices, pero no puedo controlarlo todo. Por eso he aprendido a soltar y a confiar.

¿Lo que más me cuesta?

Por lejos, el orden. Organizar clósets, lavar, doblar y guardar ropa es una tarea fastidiosa. Por otro lado, los juguetes: no hay lugar de mi casa donde no haya uno tirado. Es tanta la costumbre, que ya los niños en vez de recogerlos, los hacen a un lado con el pie (y yo también).

Sé que el período de caos que estoy viviendo dura un tiempo. Estoy segura que cuando ellos crezcan, en el silencio de mi pieza de paredes sin dibujos ni dedos marcados, echaré de menos, al acostarme en la cama ordenada, encontrarme bajo la almohada algún recuerdo de mis niños, una muñeca o un auto. Entonces, no cabe duda, recordaré con nostalgia estos intensos y alocados años.

Puedes leer las otras experiencias del especial #MamáPSB en este link. Todas tenemos una relación con la maternidad, tengamos hijos por primera vez, con desafíos impensados, o quizás incluso sin hijos.

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