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21 días sin quejarse ¿quién se suma a este desafío?

Tan solo 21 días. Es el tiempo que necesita el cerebro para adoptar un nuevo hábito. Usa una pulsera y cámbiala de muñeca cada vez que te quejes. Para dejar de ser víctima y centrar la atención en lo que quieres en lugar de en lo que no te gusta.

Vivimos quejándonos. Me muero de frío. Me muerode calor.  Odio los lunes. Qué asco de tráfico. Está lleno de bichos. No quiero trabajar tanto. Me duele la cabeza. Este maldito computador ya se quedó pegado. Qué lento. Qué sucio. Qué caro. Qué feo… Si se pusieran sobre el papel, el diccionario de las quejas cotidianas de la mayoría de nosotros probablemente sería más voluminoso que el libro Guerra y Paz. 

Encontré este artículo en una página de la que siempre les hablo Smoda del diario El País, queme encanta, y me inspiré. Quiero dejar de quejarme. Siento que ando apestosamente quejona este último tiempo. Ni siquiera voy a justificar por qué, porque no vale la pena entregar argumentos. No me quiero quejar más y punto. 

 Nos quejamos tanto que en verdad, la idea de hacer de la NO QUEJA un hábito se nos hace como una escalada al Everest. Esto es lo que propuso a sus alumnos Xabier Satrústegui “Soma”, director de la escuela de yoga Witryh. Lo hizo en 2009 y, según señala, muchos de ellos continúan hoy intentándolo. “Todo el mundo creía que lo superaría fácilmente, pero no fue así. Lo consiguieron muy pocos y al cabo de varios meses. Es muy divertido y nos permite percatarnos de muchas cosas de las que no éramos conscientes”, dice.

La idea original nació de la mano de Will Bowen, un pastor estadounidense que, en sus sermones, proponía a sus quejones feligreses permanecer 21 días sin un alegato. Oh My Gog, qué difícil. Para facilitarles la cosa, repartió una pulsera morada que debían cambiarse de muñeca cada vez que se lamentasen de algo, para poner el contador a cero y empezar otra vez. De la iniciativa surgió un súper-ventas y un movimiento con miles de seguidores en todo el mundo.

Quejarse está a la orden del día entre todos los sectores de la sociedad, y no sólo en tiempos de crisis. La costumbre nacional de criticar y descalificar en la sobremesa o en el bar, en lugar de actuar y pasar a la acción contribuye a crear un ambiente de negatividad en el que es fácil sentirse una víctima impotente ante todo lo que acontece.

La realidad es que con cada queja hacemos que el problema crezca. Satrústegui lo expresa poéticamente: “Lo mismo que la nieve sólo se derrite cuando el sol aparece, sólo evolucionas cuando, ante lo que odias, hagas que el amor esté presente”. Ufff qué fuerte, parece que he dejado el amor afuera de mi vida mucho tiempo. Ups.

¿Por qué 21 días? Dicen los psicólogos que un hábito se forma en este periodo de tiempo. Pero lo más probable es que deshacer el hábito del chismorreo y la queja te lleve bastante más. A los alumnos más veloces les llevó cinco meses, pero quizá tú puedas batir ese récord. Eso sí, ya que no hay nadie espiándote por encima del hombro, debes ser muy sincero contigo mismo. Como apunta Satrústegui, es más efectivo alcanzar la meta en cinco años de forma sincera que en cinco meses con mentirijillas.  Obvio!

Antes de subirte al carro de la no queja, hay dos cosas que hacen el reto más llevadero:

1- si pasa por tu cabeza pero no llegas a expresarlo, no cuenta. Sólo sirven las quejas exteriorizadas; de otra forma, ni Santa Teresa pasaría la prueba. Esta es una buena oportunidad para frenar y no dejar que la lengua vaya por delante del pensamiento. La idea es que, al cabo de tres semanas sin criticar ni quejarte, también dejarás de hacerlo mentalmente. 

2- En segundo lugar, aunque el movimiento de Bowen recomienda utilizar las pulseras que venden en su propia web, no son para nada imprescindibles. Cualquier cosa servirá: un anillo, una piedra en el bolsillo o incluso una cinta en el pelo.

“La vida se transforma a tu alrededor cuando adquieres el hábito de no quejarte, criticar, chismorrear o victimizarte. El paraíso comienza a crearse en tu entorno, el entusiasmo florece, el sufrimiento desaparece, la autoestima crece y la felicidad amanece”, dice Satrústegui. Ahí es nada.

¿Quién se suma conmigo a este desafío? He decidido empezar hoy. ¿Escuché algún yo por ahí?

Bárbara Pezoa
Soy periodista y Directora de Radio Paula. Me gusta la vida simple, la sencillez en todos los aspectos, por eso persigo productos, rutinas de belleza y hábitos que hagan de mi vida algo fácil y sana.

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