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MujerPSB

Me caí, me mojaron y me reí de mí misma

Hoy quiero que comprendan la importancia de sonríele a la vida, no ahogarse en un vaso de agua y poder reírse de nosotros mismos

Hola Bellas! ¿Cómo están? Espero que súper bien porque ¡ya es viernes! Por fin, el día que más esperamos en toda la semana ya está aquí, para disfrutarlo y comenzar nuestro fin de semana, el que espero aprovechen de descansar.

Hoy, quiero generar un poco de conciencia en todas nuestras bellezas que andan en auto. La verdad es que si hablamos de autos en día de lluvia, los peatones lo primero que sentimos es odio. Porque a todos más de una vez nos han mojado cuando está lloviendo.

Yo les quiero contar una experiencia de ir tuve la última vez que llovió (y no fue tan cuática como la de ahora) ese día, llovía fuerte y tenía que ir al trabajo, me vestí muy normal, como suelo hacerlo todos los días. Un par de jeans, un chaleco, abrigo y obvio mis amadas botas con un poco de plataforma (necesarias para alguien como yo, que mide 5 centímetros)

Ese día llegue extremadamente animada a la micro que tengo que tomar para acercarme a mi trabajo, el piso estaba muy mojada, por lo que tuve cuidado en no caerme. Llego a mi destino y cuando llega la hora de bajarse, por la última puerta, con tres grandes escalones, bastante poco inclusivo para discapacitados y adultos mayores esa subida/bajada. Y no sé cómo del primero (de arriba) llego al barro de la vereda. Fue realmente un piquero desde la micro.

Sí me caí de la micro, para aterrizar dolorosamente en el barro de la vereda. Lo que escuche todo ese día fue como el tercio de la micro de atrás decía “uuuuuuh” ante mi caída en cámara lenta. En ese punto, ya tenía la Sam votas rotas, los pantalones mojados y la parka y las manos con barro.

Ante la humillación que sentí, no sé por qué mi cabeza decidió jugar con la tierra mojada y quedarse ahí unos minutos, esperando que la micro, con toda la gente que había presenciado mi humillación, se fuera.

Cuando me paré y decidí continuar mi trayecto al trabajo, me dispongo a cruzar la calle, esperando que el semáforo me de la verde. Me situé ni muy cerca de la vereda para que me mojaran, ni muy lejos para caminar diez pesos para atravesar.

Sigo esperando, y pasan un par de autos alejados del mini deslizamiento de agua, hasta la guinda de la torta de ese día, un SUV blanco pasa a toda velocidad, cerca de la cuneta, demasiado para mi gusto, mojándome por completo.

Porque además de todo, actúe como escudo de todas las personas que estaban más atrás que yo. Cuando logré cruzar Av. Vitacura lo único que quería era llorar por mí tan mala suerte, pero lo que hice fue largarme a reír, finalmente todo lo que pasa es por alguna razón y no fue nada tan grave, ni nada tan malo como para no tener remedio. Así que lo que hice fue largarme a reír como si no hubiera mañana, y cuando llegue a La Oficina a ponerme al lado de la estufa para poder secarme.

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